Violaciones sexuales y otras atrocidades en la guerrilla

Paula Cuéllar conocía las brutalidades cometidas por la Fuerza Armada durante la guerra civil. La violación sexual era un método de tortura. Lo que no sabía —antes de comenzar la investigación que duró cinco años— era que muchas mujeres guerrilleras también fueron violadas por sus propios compañeros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

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diciembre 14, 2021
Imagen Revista Elementos

Cuando se despertó la sangre le escurría por las piernas. Todo era borroso. La debilidad, los desmayos, la oscuridad. Su cuerpo estaba magullado por los golpes y torturas que había recibido en una celda de la Guardia Nacional. A su lado pudo reconocer a un compañero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Se incorporó como pudo y se acercó a un soldado que custodiaba la celda. Le pidió toallas sanitarias. La respuesta fue inaudita: la sangre no era producto del ciclo menstrual, sino de una violación sexual cometida por su compañero de celda.

«Y efectivamente así había sido», dice Paula Cuéllar, quien escuchó el testimonio en palabras de la propia víctima.

Esa anécdota es una de muchas que Paula documentó, durante cinco años, para una investigación sobre violaciones sexuales en la guerra civil de El Salvador.

Paula sabía que durante el conflicto armado los cuerpos represivos del Estado violaron a mujeres y niñas en casi todo el país. Los testimonios son abundantes y atroces. Hay libros que retratan toda esa locura. La violación sexual era un método de tortura, una forma de advertir el destino de quienes accedieran a colaborar con la guerrilla.

Paula conocía esas historias. Lo que no sabía era que muchas mujeres guerrilleras también fueron violadas por sus propios compañeros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Por eso, cuando le ofrecieron esos testimonios, sintió un cañonazo de asombro. ¿Cómo era posible? ¿Acaso no era la guerrilla la que luchaba por una sociedad más justa, donde todos serían iguales y donde no existirían violaciones a los derechos humanos? La idea parecía absurda. Sacada de un cuadro surrealista.

Pero Paula asumió su papel de académica y, en un acto de honradez intelectual, decidió incluir esos testimonios en su investigación. Fue así como se sentó a conversar, durante horas y horas, con mujeres que habían integrado la guerrilla y habían sido violadas por sus mismos compañeros. Luego se dio cuenta de otras abominaciones: la mayoría de las mujeres que fueron violadas en la guerrilla provenían del campo. Es decir: la violación tenía un componente de clase. Eso simbolizaba otra contradicción, pues se suponía que el ejército guerrillero luchaba para abolir las diferencias de clase. Pero no fue así.

Estas mujeres, además, asumían funciones propias del conflicto armado: empuñaban las armas, pero el régimen guerrillero las condenaba a reproducir los roles tradicionales que tenían en la sociedad salvadoreña. Por ejemplo, eran relegadas a la cocina y a otras labores domésticas.

Todos estos abusos, todas estas prácticas —enfatiza Paula— fueron toleradas por la mayoría de los comandantes del FMLN.

La investigación de Paula está terminada. Le servirá para graduarse como doctora en historia de la Universidad de Minnesota, Estados Unidos. Sus pesquisas no se limitan a las violaciones sexuales cometidas por el FMLN. De hecho, su indagación surgió porque quería saber qué había sucedido con las mujeres que fueron violadas durante la guerra civil y por qué la Comisión de la Verdad no investigó las 450 denuncias por violaciones sexuales atribuidas a la Fuerza Armada.

Finalmente, Paula incluyó en su trabajo 16 testimonios: ocho adjudicados a la guerrilla y ocho a los cuerpos represivos del Estado. En esta entrevista, sin embargo, conversamos principalmente sobre las violaciones sexuales cometidas por el FMLN. No solo por ser un enfoque novedoso y porque ayuda a desmitificar la historia —en la que un bando bueno luchó contra uno malo—, sino porque abre el debate, desde otra dimensión, sobre la impunidad en los casos de las mujeres y niñas violentadas sexualmente durante la guerra civil salvadoreña.

Tu investigación parte de los vacíos que tiene el informe de la Comisión de la Verdad para El Salvador en materia de violaciones sexuales. 

En el Anexo 2 del Informe de la Comisión de la Verdad se establece que la violación sexual fue un asunto relativamente menor que se dio en el conflicto armado.

Entiendo que tú hablaste con los tres comisionados que elaboraron el informe de la Comisión de la Verdad. ¿Cuál fue la respuesta del por qué no investigaron las violaciones sexuales?

Creo que los comisionados se enfocaron básicamente en crímenes que terminaron en muertes. Ellos argumentaron que las denuncias recibidas por violaciones sexuales era un número ínfimo y que no fue una práctica sistemática o generalizada en El Salvador. Por eso no investigaron.

¿Cuántas denuncias por violaciones sexuales recibió la Comisión de la Verdad? 

Fueron 450 denuncias de mujeres y niñas víctimas. Eso representó únicamente el 2.2 por ciento de todas las denuncias recibidas. Hay una cosa: si consideraron que el 2.2 por ciento de las denuncias era un asunto relativamente menor y lo excluyeron de las páginas del informe de la Comisión de la Verdad, entonces por qué sí mencionaron casos de violaciones a derechos humanos o crímenes internacionales cometidos por la guerrilla. A la guerrilla únicamente se le consideró que había cometido un 3 por ciento de las atrocidades. Es verdad que el 2.2 por ciento no es mucho, pero si incluyes el del 3 por ciento, entonces caemos en una contradicción.

Tú partes del informe de la Comisión de la Verdad. ¿No hay otros informes en los que también se detallen denuncias sobre violaciones sexuales?

El punto es que el informe de la Comisión de la Verdad es el único informe oficial sobre la historia del conflicto armado en El Salvador. El hecho que haya sido promovido por las partes beligerantes le otorga cierta calidad moral que otros documentos no tienen. Sin embargo, uno de mis cuestionamientos es si realmente el informe de la Comisión de la Verdad para El Salvador puede ser tomado como toda la verdad del conflicto armado, sobre todo cuando se dejaron afuera delitos puntuales que afectaron a las mujeres y a las niñas.

Por muchos años se nos ha transmitido la idea que las violaciones a derechos humanos fueron cometidas por las fuerzas represivas del Estado. Pero en tu investigación también incluyes varios testimonios de mujeres que fueron violadas por sus propios compañeros de guerrilla. De alguna manera desmitificas la historia. ¿Cómo te encuentras con ese tipo de relatos?

Mi intención inicial no era estudiar violaciones sexuales por parte de la guerrilla. Yo no lo sabía. Cuando comencé la investigación tenía la idea de documentar violencia sexual ejercida por las Fuerzas Armadas o por algún cuerpo represivo del Estado. Pero cuando empecé a tratar de establecer contactos con personas que tuvieran testimonios de violación sexual, me preguntaron que de cuál bando. Yo un poco sorprendida les pregunté: «¿Cómo?». Entonces me dijeron que la guerrilla también había cometido ese tipo de delito. Yo la verdad no lo sabía. Creo que es uno de los secretos mejor guardados de la guerrilla en El Salvador. Por lo menos es un secreto que está a flor de piel, pero que a nadie le ha interesado investigar. Creo que la historia en El Salvador que rodea a la guerrilla o la narrativa central que rodea a la guerrilla es que eran los chicos buenos. Esa idea es reforzada porque en el informe de la Comisión de la Verdad únicamente se les atribuye el 3 por ciento de las atrocidades. Entonces, creo que tenemos la imagen de una guerrilla muy limpia. Debo aclarar algo: yo no tengo testimonios de mujeres de la población civil que fueran violadas por miembros de la guerrilla, sino de mujeres que conformaban sus filas. Eso rompe con el paradigma que tenemos de la guerrilla salvadoreña. Realmente creo que esto constituye una parte muy valiosa de mi investigación, porque en la academia se ha romantizado el tema de las relaciones dentro de la guerrilla, o más bien se han romantizado los hechos, en general, que están alrededor de lo que consideramos la guerrilla en El Salvador.

Paula Cuéllar. Foto tomada de su Facebook.

¿De las denuncias que recibió la Comisión de la Verdad sobre violaciones sexuales hay algunas que se las atribuyan a la guerrilla?

No. Únicamente le atribuyen responsabilidad por violaciones sexuales a las Fuerzas Armadas de El Salvador. Dicen que de parte de la guerrilla no recibieron ninguna denuncia.

Una de las ideas románticas era que la guerrilla luchaba para crear una sociedad más justa, donde hubiese igualdad y justicia. ¿Cómo era vista la mujer dentro de la guerrilla?

Bueno, esa idea que las mujeres iban a jugar un papel en igualdad hay que olvidarla. Eso nunca fue cierto. Aunque admito que yo también tenía esa idea de que la guerrilla promovía la equidad de género y cosas así. Hay que recordar que había cinco organizaciones que conformaban el FMLN y no todas trataron de igual manera a las mujeres. Todas fueron discriminatorias, pero el ERP, que era comandado por Joaquín Villalobos, tenía más mujeres que hombres en la Comandancia. Entonces, las otras organizaciones se referían un poco burlonamente al ERP. Le decían «Villalobos y sus Chicas». Es decir: no eran las otras comandantes, sino las chicas de Villalobos.

¿Y tienes testimonios de violaciones sexuales de las cinco organizaciones que conformaban la guerrilla del FMLN?

Sí, tengo testimonios de todas las organizaciones sobre violaciones sexuales.

¿En cuál organización has encontrado más casos?

En las FPL.

Volviendo a los roles de la mujer dentro de la guerrilla, nos decías que no había equidad.

En primer lugar, creo que en la guerrilla se reproducían los roles tradicionales que jugaba la mujer en la sociedad salvadoreña. Las mujeres, aunque representaban el 30 por ciento de las fuerzas guerrilleras, tenían asignadas labores de cocina. Los hombres eran enviados a la cocina únicamente como forma de castigo. Digo esto porque hay quienes me han dicho que había hombres en la cocina. Sí. Pero eran hombres que iban castigados. Las mujeres también desempeñaban labores sanitarias que era cuidar a los enfermos. También funcionaban u operaban como radistas. Ese era un rol más militar. Pero en el tema de radistas es muy complicado. Los testimonios que yo he escuchado es que la mujer que era seleccionada como radista era porque le gustaba al comandante, porque de esa manera podía tenerla cerca y abusar sexualmente de ella o establecer relaciones «libres o consensuadas». Yo no tengo testimonios de mujeres que llegaran a ser radistas por sus propios méritos, sino porque le gustaba al comandante y la cambiaba cuando le gustaba otra.

Tú has documentado varios casos…

Bueno, sí, aunque de los casos prefiero no entrar en detalles. Pero sí puedo decir algunas cosas generales. Por ejemplo, algunas mujeres todavía justifican el tipo de violación sexual que se ejerció en la guerrilla. Siempre está eso de romantizar las relaciones sexuales y romantizar la idea de la guerrilla. Algunas personas te dicen que las relaciones sexuales en el Frente se veían diferentes, porque ante la inminencia de la muerte que tenían todo el tiempo, es decir, que no sabían si al siguiente día iban a estar vivos o muertos, pues se dedicaban a satisfacer sus placeres sexuales más inmediatos. También justifican el cambio de pareja. Incluso justifican la violación sexual como una contribución de las mujeres a la lucha.

Pero esa concepción es dentro de esa idea romántica que hablábamos anteriormente. Una idea mítica que sirvió como material para música y poesía. Pero entiendo que tú has documentado violaciones con el uso de la fuerza. 

Sí. Las hubo. Tengo unas que fueron ejercidas con violencia a punta de pistola o que incluso las víctimas fueron posteriormente asesinadas. Definitivamente sí hubo violaciones sexuales por parte de la guerrilla. No puedo afirmar que fue una práctica generalizada o sistemática como las de la Fuerza Armada, que ahí sí eran parte de las técnicas de tortura. Pero en el caso de la guerrilla creo que fue una práctica tolerada. Se dice que había juicios a compañeros, pero yo no he sabido de muchos. Hay algunos casos que te dejan pensando. Yo, a partir de lo que he estudiado, he desarrollado el concepto de «perpetradores inimaginables». Creo que las mujeres que pertenecían a la guerrilla llevan una carga más pesada por el hecho de haber sido violadas por sus propios compañeros.

Sí, porque en una guerra esperas lo peor de tu enemigo, pero no de tus compañeros de lucha.

Tengo testimonios que son muy chocantes por la forma en que se perpetraron. Una de las víctimas me contó que ella estuvo detenida en la Guardia Nacional y la torturaron, pero no la violaron. Después de la tortura la fueron a dejar a una celda donde estaba un compañero del ERP. Ella estaba muy mal por las torturas y se desmayó. Cuando se despertó se dio cuenta que estaba sangrando. Ella pensó que le había venido la regla. Se acercó al guardia que estaba vigilando la celda y le pidió que le llevara unas toallas sanitarias. El soldado se puso a reír y le dijo que no era la regla, sino que su propio compañero la había violado. Y efectivamente así había sido. En otro de los casos fue algo similar. La mujer también estaba detenida, había sido golpeada y torturada. En cierto momento la llevaron a un lugar donde estaban otros compañeros y compañeras que también estaban detenidos. Ella sintió un respiro de alivio al sentirse acompañada. Pero un compañero la intentó violar.

¿Por qué crees que ocurría eso?

Existe el concepto de «masculinidades hegemónicas» que ahora resulta bastante importante para analizar el fenómeno de la guerrilla. Pienso que los hombres, al sentirse amenazados en su virilidad por parte de los cuerpos represivos del Ejército, intentaban ejercer su poder sobre alguien y lo hacían con las mujeres que formaban parte de sus filas. También creo que otra de las razones, pero esta ya es una interpretación mía, es que al incorporarse a la guerrilla y tomar las armas, las mujeres estaban subvirtiendo los roles tradicionales de género y creo que violarlas era una manera de recordarles cuál era su rol en la sociedad.

¿Estas mujeres que te contaron sus testimonios dimensionaron en el momento que era una violación sexual? ¿O el hecho de creer en la causa no les permitió asimilar que era un abuso?

Creo que sí dimensionaron que era un abuso, pero por la causa no lo denunciaron. Una de ellas me dijo que a ella le habían enseñado que eso era parte de las cuotas de la lucha. Por eso decidió callarlo.

O sea que los hombres de la guerrilla, pese a todas las banderas de igualdad que enarbolaban, también reproducían el cuadro de machismo imperante en la sociedad salvadoreña.  

Además, para mí fue chocante darme cuenta de que las violaciones sexuales tenían un componente de clase. La mayoría de las mujeres que fueron violadas provenían de afuera de la ciudad. Casi todos los testimonios que yo tengo son de mujeres que se incorporaban en las comunidades. En cambio, las mujeres que se incorporaban a la guerrilla y que venían de una extracción de clase media, con algún tipo de estudios, era más difícil que fueran víctimas de violación.

Otra contradicción…

Sí. Por ejemplo, las mujeres que desempeñaban actividades militares no podían ir a parir afuera. En muchos casos eran sujetas a abortos forzados o eran obligadas a utilizar medios de protección para evitar el embarazo. En cambio, las mujeres que eran comandantes o compañeras de un comandante podían abandonar el frente de guerra para dedicarse un tiempo a sus hijos.  Todo eso fue bastante chocante en mi investigación, porque yo también pensaba que en la guerrilla no había diferencias de clase.

¿A quiénes denuncian las mujeres que tú has entrevistado? ¿comandantes o combatientes rasos?

Creo que había de todo. Pero sí era una práctica tolerada por los comandantes y propiciada por los comandantes.

¿Hay gente que estuvo en los gobiernos del FMLN que haya sido mencionada por las víctimas que entrevistaste?

Sí. Pero no diré sus nombres por asuntos jurídicos.

¿Qué dificultades tuviste en tu investigación?

En dos ocasiones me hicieron advertencias. La primera fue en el 2016, cuando fui a El Salvador a entrevistar mujeres. En ese entonces el presidente era Salvador Sánchez Cerén. Yo le llamé a una persona muy cercana a la presidencia, a quien yo pensaba entrevistar, porque había sido parte de las combatientes del FMLN. Yo quería su testimonio. Le llamé por teléfono y me dijo que ya sabía lo que andaba haciendo y me sugirió que cambiara de tema porque esa investigación sería darle armas al enemigo, darle armas a la derecha. «Si se cometieron algunos errores fueron eso, errores. Pero debemos dejarlo en el pasado y darle vuelta a la página», me dijo. Yo me pregunté si decían lo mismo en el caso de violaciones que fueron perpetradas por parte del ejército. O sea: hay que juzgar a los responsables, pero no a sus responsables. Este año que regresé no fue directamente gente del gobierno, pero alguien me dijo que creía que no era un buen momento para presentar mi investigación, porque ahorita hay una persecución contra ARENA y el FMLN, y yo iba a contribuir a desprestigiarlos, pues mi investigación iba a ser utilizada por el gobierno. Pero yo asumí una tarea frente a las mujeres que entrevisté. Algunas de ellas quieren que se les mencione por su nombre, porque creen que es hora de enfrentar a los perpetradores, y yo asumí un compromiso con ellas de seguir adelante. A parte, yo soy académica, no tengo vinculaciones políticas con nadie. Ni el Frente ni ARENA, ni el gobierno actual de Nuevas Ideas me paga. Yo me preguntaba, ¿cuándo será el tiempo entonces para publicar mi investigación? ¿Cuándo va a ser el tiempo de las mujeres para que cuenten su historia de lo que sufrieron en la guerra?

    
 
Maité Portillo
Luis Canizalez

One comment on “Violaciones sexuales y otras atrocidades en la guerrilla”

  1. Que tristeza siento en estos momentos, nunca creí que esto pasará, aunque nunca confíe en El FMLN y nunca participe en los conflictos por temor, que ellos buscarán el poder, para su servicio, no el del pueblo, que bueno, ya pasó, y no tiene nombre...

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