APÓYANOS

Diez posibles «medicinas amargas»


El presidente de facto no detalló cuáles serían esas «amargas medicinas». Sin embargo, tomando en cuenta el carácter pro-oligárquico de su régimen, es previsible que las eventuales medidas no afectarán a los grupos pudientes, sino a la mayoría de la población integrada por los sectores popular
Publicado en junio 19, 2024
Periodista y activista social.

En el discurso de toma de posesión de su segundo mandato inconstitucional, Nayib Bukele anunció la aplicación de más «medicinas amargas», esta vez en el plano económico, ámbito en el cual -según dijo- se centrará el accionar de su nuevo gobierno.

El presidente de facto no detalló cuáles serían esas «amargas medicinas». Sin embargo, tomando en cuenta el carácter pro-oligárquico de su régimen y la decisión de hacer jurar a sus seguidores que no se van a quejar por lo «amargo» de tales «medicinas», es previsible que las eventuales medidas no afectarán a los grupos pudientes, sino a la mayoría de la población integrada por los sectores populares y capas medias.

¿Cuáles podrían ser -entonces- esas «medicinas» «tan amargas» como para que Bukele comprometa a la gente a no protestar y para que las élites empresariales estén tan confiadas en que no serán perjudicadas? A continuación menciono diez posibles «medicinas amargas» que el gobernante inconstitucional y sus cómplices podrían imponer en los próximos cinco años.

1. Aumento del IVA. El Impuesto al Valor Agregado podría pasar del 13% actual a un 15% ó más. Con esta «medicina» el gobierno de Bukele tendría más ingresos tributarios y cumpliría con una de las condiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para reducir el déficit fiscal. «Lo amargo» es que subiría el precio de todos los productos, lo cual incrementaría el costo de la vida y agravaría aún más las ya precarias condiciones materiales de la población.

2. Aumento de otros impuestos al consumo. Complementariamente al aumento del IVA, podrían subir también otros impuestos al consumo, como del FOVIAL, de las bebidas alcohólicas y carbonatadas, entre otros. Más gravamen a los combustibles impactaría a quienes tienen vehículos y aumentaría el precio del transporte, lo cual afectaría el comercio y encarecería más los productos, «amargando» así la economía de las familias salvadoreñas pobres.

3. Aprobación de nuevos impuestos regresivos. Además del incremento de los impuestos actuales, es posible que se implemente un impuesto predial a la propiedad en general, en vez de gravar únicamente el patrimonio de los más ricos. Probablemente el censo que está haciendo el gobierno -y que según su propaganda servirá para diseñar el «nuevo país»- tenga como propósito real obtener la información necesaria para poner nuevos impuestos.

Otros rubros para eventuales nuevos tributos son el comercio informal, los emprendimientos, las organizaciones no lucrativas y las remesas, como lo expresó a finales de marzo el vicepresidente Félix Ulloa. También es probable que se retome el proyecto de «Ley de Agentes Extranjeros», que incluía un impuesto del 30% a la cooperación internacional solidaria.

El aumento del IVA, el incremento de otros impuestos al consumo y la aprobación de nuevos tributos regresivos harían aún más injusto el esquema fiscal del país y apuntarían en sentido contrario a la tendencia global hacia la progresividad tributaria. El gobierno disminuiría la crisis de la finanzas públicas, pero haría más «amargas» las condiciones de vida de la mayoría de la población.

4. Despido de empleados públicos. Para «reducir el gasto», la administración Bukele también podría despedir a miles de empleados públicos. Así, mientras el presidente inconstitucional se «ahorra» millones de dólares o los destina hacia otras prioridades (pagar propaganda o montar «eventos de primer mundo»), los despidos aumentarán el desempleo, la pobreza y la emigración. Ya lo hizo Javier Milei en Argentina: redujo el déficit fiscal tirando a la calle a millones de trabajadores y dejando sin comida a sus familias.

5. Eliminación de programas sociales y privatizaciones. En la misma línea de «reducir el gasto», es posible también que se reduzca todavía más la inversión social y se eliminen los pocos programas de atención a sectores vulnerables que aún quedan de los gobiernos del FMLN. Parte de esta «medicina amarga» sería también el eventual cierre del Instituto Administrador de los Bienes de los Veteranos y Excombatientes (INABVE), algo que ya venían denunciando los dirigentes de la Alianza Nacional El Salvador en Paz que están encarcelados.

En relación al cierre de instituciones públicas, no habría que descartar posibles privatizaciones, entre éstas la Universidad de El Salvador. En un primer momento la UES podría ser intervenida por el gobierno y luego entregada a la gestión privada, con la promesa propagandística de -por ejemplo- convertirla en el «Silicon Valley» salvadoreño.

6. Congelamiento de salarios. Bukele también podría ordenar el congelamiento de los salarios en el sector público y no aumentar el salario mínimo para «no afectar» a las empresas. Esto -sumado al mayor costo de la vida por el aumento de los impuestos- aumentaría la precariedad de las personas trabajadoras y sus familiares que dependen de ellas.

7. No pago de las pensiones, Otra medicina «bastante amarga» podría ser una suspensión temporal del pago de las pensiones, debido al agotamiento de los fondos previsionales o a que el gobierno necesita los recursos que aún quedan, para funcionar o pagar deuda. Esto dejaría sin pensiones a las personas jubiladas y en grave inseguridad a las cotizantes. Vale recordar que durante el último año han sido tomados más de 1,100 millones de dólares de esos fondos.

8. Restricciones a los ahorros bancarios. En el mismo sentido de la «medicina» anterior, la dictadura de Bukele podría imponer límites o condiciones al manejo y retiro de los ahorros de la población en la banca privada, a fin de tenerlos disponibles para la compra de LETES, CETES y otras modalidades de deuda pública de corto plazo. Al respecto, economistas alertan que el gobierno viene moviendo el techo de fondos que los bancos le puede prestar y ha reconvertido la deuda de corto plazo a mediano plazo, debido a que no la puede pagar.

Cualquier restricción al acceso del dinero de los bancos tendría consecuencias para los ahorrantes, afectaría la oferta crediticia y podría conducir a una crisis como la de Argentina en el año 2001. Dramas humanos como el de los socios de COSAVI podrían generalizarse a los usuarios de todo el sistema bancario.

9. Más desalojos de comunidades. Con el objetivo de abrirle paso a las inversiones en turismo, proyectos residenciales de lujo y mega-obras de infraestructura (Aeropuerto de Oriente, Tren del Pacífico, Bitcoin City, etc.), más comunidades de la costa, zonas montañosas y otras regiones del país podrían ser desalojadas.

La Ley de Expropiación de Obras Municipales, conocida como «ley de desalojos», tiene las herramientas para esta «medicina amarga» que se implementaría con el argumento de generar empleo y crecimiento económico. Los permisos ambientales exprés para todos estos proyectos depredadores de ecosistemas y desplazadores de comunidades pobres serían parte de esta «medicina».

10. Reactivación de proyectos mineros. Esta sería la medicina «más amarga» que podría implementar la dictadura bukelista, porque generaría un irreversible desastre ambiental y social. La estrechez territorial, la alta densidad poblacional, el alto deterioro ecológico y la crisis de los recursos hídricos hacen inviable a la más contaminante de las industrias extractivas en El Salvador.

Esta «medicina» sería el acabose nacional porque podría terminar el agua, contaminar el medioambiente, dañar la salud de la población y poner en riesgo la vida misma. Incluso, pondría en peligro la concreción del proyecto económico del clan familiar gobernante y su plan de perpetuarse en el poder, aunque -en su voracidad económica- Bukele y sus hermanos quizás no se percatan del grave peligro.

Ojalá que, para evitar la imposición de todas estas «medicinas amargas», la población se informe, se organice y se movilice. Contrario al juramento absurdo de no quejarse y no protestar, la gente debe ser consciente, crítica, demandante y activa. Así -por ejemplo- en vez de aceptar el ajuste que Bukele va a impulsar, la ciudadanía debe levantar la bandera de la reforma fiscal progresiva donde «paguen más quienes tienen más».

Es hora de que las crisis las paguen las élites empresariales que se lucran de ellas, y no los pobres que las sufren siempre.

    
 

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