Una escuela donde los mapas se acaban

— ¿Por qué no puede seguir en su moto o en un picap?

— Porque no hay vías de acceso, no hay carreteras. Las personas solo pueden subir a caballo o a pie.

La Escuela Rural Mixta Aldea Las Raíces, en el municipio de Moyuta, departamento de Jutiapa, está ubicada en lo más encumbrado de las montañas de la zona fronteriza con El Salvador, allá donde Google Maps y Google Earth todavía no llegan. Y donde tampoco llegan ni el agua potable ni los servicios sanitarios, la energía eléctrica ni el internet.

Por eso cada mañana Mariam Valesca Quiñonez Zepeda, la única profesora que atiende a los doce estudiantes de la Aldea Las Raíces, debe enfrentar un agreste y empinado camino para cumplir con las labores que, desde hace 15 meses, le asignó el Ministerio de Educación de Guatemala (MINEDUC): lo inicia recorriendo un poco más de seis kilómetros desde su casa, en el municipio de Pedro de Alvarado, hasta Aldea el Nuevo donde estaciona su motocicleta porque la carretera llegó a su fin.

Inmediatamente inicia la otra parte: unos cinco kilómetros montaña arriba andando por un arcilloso y estrecho sendero de montañista en el que una caída puede terminar en heridas en las manos o las rodillas o caer, de nuevo, hacia abajo con las consabidas consecuencias para una persona; luego el siguiente tramo con planicies en el que debe cruzar quebradas que en la época lluviosa desbordan nutridas por los cauces del Río Paz; segmentos de la ruta repletos de hojas en el que se esconden todo tipo de animales, incluyendo ofidios naturales del lugar, además de las afiladas rocas volcánicas.

Apoyada en un bordón y con zapatos de montaña, cada día debe vérselas con el sistema montañoso de Moyuta que incluye al volcán homónimo que, visto desde el distante centro de la localidad, se yergue caluroso encima de todo y de todos.

En época seca tarda una hora en llegar. En época lluviosa una hora y media. Son unos 4 mil pies sobre el nivel del mar los que debe de andar y desandar cada día.

Sus alumnos, vecinos de la aldea, también tardan una hora.

El centro escolar fue construido por la municipalidad de Moyuta entre los años 1995 a 2000, es decir, mientras fue alcalde de ese municipio Manuel de Jesús Castillo Medrano, quien casi diez años después de desempeñarse en ese cargo fue condenado por ser el autor intelectual de los asesinatos de los diputados salvadoreños del Parlamento Centroamericano (Parlacen), Eduardo José d´Aubuisson Munguía, William Rizziery Pichinte, José Ramón González y el motorista que los transportaba desde San Salvador, Gerardo Napoleón Ramírez.

La primera construcción fue hecha con adobe y bahareque. Tiempo después fue reconstruida con cemento y ladrillos. Hace algunos años fue pintada con azul, celeste y una franja roja a la mitad, pero en la actualidad esos colores ya palidecieron. Tiene una extensión de láminas que da sombra a quienes prefieren permanecer fuera de las cuatro paredes. Adentro, existe un salón único de siete metros cuadrados y una bodega pequeña en las que a veces se cuelan serpientes. Y nada más. No hay cocina. No tiene servicios sanitarios, ni agua potable ni drenajes.

Si una de esas trece personas necesita agua debe caminar hasta un nacimiento ubicado en el terreno de un vecino que les dio permiso de entrar a su propiedad para extraerla.

La responsabilidad de las condiciones de la infraestructura es compartida: tanto de la municipalidad de Moyuta como del MINEDUC.

Según el informe Carencias Sustanciales y Necesidades Reportadas por los Centros Educativos del Sector Oficial, publicado en 2024 por el MINEDUC, a nivel nacional a unas cinco mil escuelas les falta agua potable, 21 mil no tienen drenajes, ocho mil funcionan sin energía eléctrica, unas 12 mil requieren la reconstrucción de sus muros, más de 17 mil tienen dañados sus techos, 20 mil urgen de reparaciones en los servicios sanitarios, 28 mil no tienen cocina, 31 mil no tienen registro legal de la propiedad en la que están asentadas y 32 mil carecen de acceso a internet.

Quiñonez Zepeda es la única docente para los doce estudiantes de primero, segundo, cuarto, quinto y sexto grado —eufemísticamente conocidas como aulas multinivel— y, debido a la falta de acceso a internet, no puede utilizar las nuevas tecnologías como parte de su estrategia pedagógica; es decir, debe partirse en dos para atenderles. Además, la mayoría no tienen teléfonos inteligentes. «No puedo ni mandarles videos para que los vean en sus casas», explica.

Y hay más.

En todo el país hay escuelas con los pisos arruinados, las puertas oxidadas o con la estructura rota, las paredes sucias y sin pintura, los techos tienen goteras o quebraduras por las que entran animales de noche o sol calcinante de día, entre otros.

El informe, sin embargo, en ninguno de sus apartados menciona un factor elemental: las vías de acceso. Es que se trata de contexto: el abandono de las comunidades y su entorno es una de las tantas formas de la miseria en Guatemala, uno de los tres países más ricos de Centroamérica —su PIB ascendió a 113 mil millones de dólares en 2024— donde la mitad de su población vive en pobreza y casi tres cuartas partes de esos pobres viven en las zonas rurales, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

La pobreza se concentra, principalmente, en los municipios ubicados al norte: Cahabón, Lanquín, San Gaspar Ixchil, Colotenango y otros; en el oriente, como Zacapa, Jutiapa y Chiquimula. Pero también en la región sur-oriental. Ahí está Moyuta.

En el departamento de Jutiapa, siete de cada diez personas viven bajo la línea de pobreza —sus ingresos son insuficientes para cubrir sus necesidades— y una buena parte ve como única alternativa para salir de ella la migración a Estados Unidos.

En Aldea Las Raíces la costumbre es la miseria. Hay tanta habituación a ella que las carencias en la escuela parecen normales. Quizá hasta lógicas. Las primeras familias se asentaron en esas montañas en las últimas décadas de la primera mitad del Siglo 20. Y esos pioneros fueron tan pobres como ahora son sus hijos y sus nietos. Y la educación, otrora comúnmente considerada una estrategia para alcanzar la tan deseada movilidad social, parece no hacerles mucho sentido.

«En estas comunidades cuando ven a los niños ya grandes los padres no quieren mandarlos más a la escuela porque prefieren que trabajen la tierra, que ayuden a la mamá con los oficios», comenta Quiñonez Zepeda.

Con excesiva frecuencia pasa que la pobreza y las condiciones adversas y humillantes para la educación formal van irremediablemente juntas al mismo paso.

El 15 de enero de 2024, Bernardo Arévalo asumió la presidencia en Guatemala. Un mes después inició el plan de su gobierno para el remozamiento de más de 4 mil escuelas en ese primer año.

Hasta inicios de 2025, a nivel nacional, el MINEDUC había invertido más de 68 millones de Quetzales. Al finalizar su presidencia, Arévalo ha dicho que pretende que ya haya remozada la totalidad de la infraestructura escolar, además de haber contratado 4 mil docentes de educación media. No ha dicho cuánto costarán esa promesa.

Entre 2024 y los meses en curso de 2025, en 559 centros escolares del departamento de Jutiapa, el Ministerio remozó cocinas, sustituyó el alumbrado interno y externo—así como también los techos, cambió portones de acceso, reconstruyó muros, sustituyó el sistema eléctrico, instaló nuevos servicios sanitarios y ventanales en pasillos, entre otros. Esto es lo que puede constatarse en el sitio Remozamientos.mineduc.

Con sombrero de palma

Pero a la Escuela Oficial Rural Mixta Garita Chapina —a unos 20 kilómetros de distancia— nunca llegó su programa de remozamiento. Antes, más bien, llegaron otros. Específicamente la cooperación del Comando Sur de los Estados Unidos que construyó una estructura con tres amplias aulas con el mobiliario necesario para que, entre 150 a 200 estudiantes, reciban clases en condiciones relativamente aceptables. También remozó los servicios sanitarios.

Esa construcción, finalizada en 2024, no fue ocupada por los estudiantes sino hasta después del 5 de agosto del año que transcurre; en los 79 días previos los docentes estuvieron en paro de labores como medida de presión contra la administración de Arévalo para que aceptara firmar un contrato colectivo de trabajo, aumentarles un 15 por ciento el salario y pagarles un bono que les adeuda.

La huelga afectó a más de 3 millones 225 mil estudiantes de los cuales 107 mil asisten a uno de los 1 mil 448 centros escolares de Jutiapa.

Santiago (nombre ficticio por tratarse de un niño de once años) es uno de ellos. Nació en el caserío Bola de Monte, en el vecino municipio salvadoreño San Francisco Menéndez, en el departamento de Ahuachapán, y ahí vivió hasta hace tres meses cuando su familia se desbarató: su madre, según les explicaron a él y a su hermano, los abandonó por lo que quedó bajo la tutela de su abuela materna que se negó a permitir que el padre de los niños, de origen guatemalteco, los llevara más allá de la frontera.

En respuesta, según Santiago, hace tres meses su padre se los llevó definitivamente a vivir a Garita Chapina sin el permiso de la familia materna. Su abuela, dijo, denunció a su padre.

Cuando llegó a Guatemala la escuela Garita Chapina estaba cerrada por la huelga y durante ese tiempo recibía una sola hora de clases al día en la casa del profesor que lo adoptó como alumno: de dos a tres de la tarde les revisaba las tareas del día anterior y les dejaba nuevas para el siguiente. En esa jornada vespertina recibió casi media docena de asignaturas: Comunicación y Lenguaje, Medios Sociales y Naturales, Matemáticas y Caligrafía.

Con Matías, su amigo, los une una pasión: los sucesos paranormales. Algunas veces, en las noches, han escuchado los lamentos de una mujer que, según han concluido, es La Llorona, uno de los personajes mitológicos de México y parte de Centroamérica. Pero también los desune otra pasión: el fútbol. Uno es aficionado al Real Madrid y otro al Barcelona Fútbol Club.

Cuando Matías cursaba primer grado recibió clases en el que conocen como salón con sombrero de palma: una estructura construida con bloques y pilares de cemento cuyo techo es palma y bambú. En este espacio imparten clases en la época seca, porque en la lluviosa, dependiendo de la intensidad, la lluvia se cuela por los costados inundándolo todo.

Pero ese no es el único salón inadecuado.

A la par hay otro que, en vez de ventanas, tiene barrotes y el mobiliario, además de escaso, destaca por ser viejo y en mal estado. Frente a él, como si se tratase de una bodega, se apilan varias docenas de ladrillos de cemento y una pila de pupitres y láminas, algunas con marcas de oxidación, así como también una cisterna vacía de casi dos metros de altura.

A unos pasos hay tres salones llenos de polvo y telarañas.

Las aulas antiguas, no obstante su estado actual, durante muchos años fueron un orgullo para la escuela porque fueron construidas por los vecinos. En realidad, el mejoramiento de la institución ha sido un esfuerzo comunitario desde siempre.

José Antonio Mejía, uno de los vecinos, explicó que cuando él estudiaba en Garita Chapina tenían una sola aula para casi 200 alumnos distribuidos en los turnos matutino y vespertino. Conforme transcurrieron los años y su generación fue envejeciendo, colaboraron para construir nuevas aulas. Y, hace ocho años, construyeron las últimas.

«Aquí la educación es bastante mala; uno aprende más que todo por el esfuerzo de uno. Pero ahorita tienen (los estudiantes) siquiera eso, porque antes todo esto estaba bastante destruido», recuerda.

Guatemala, entonces, se ha propuesto mejorar las condiciones de la infraestructura escolar. Y, en algunos casos, parece estarlo alcanzado. Arévalo tiene 860 días para lograr una de las promesas con las que llegó al poder hace diecinueve meses.

Las voces que faltan

Durante siglos, el Estado salvadoreño ha invisibilizado a los pueblos indígenas. En ese silencio histórico, sus lenguas, sus costumbres, su espiritualidad y también sus dolores han sido negados, minimizados o ignorados. Pero hay quienes se niegan a seguir callando. El podcast Las voces que faltan recoge los testimonios de lideresas indígenas que, desde sus comunidades, han comenzado a nombrar las múltiples violencias que atraviesan a las mujeres indígenas en El Salvador.

Una de esas voces es la de Betty Pérez, abogada y defensora de los derechos de los pueblos originarios. Betty recuerda la lucha que permitió que, en 2014, la Constitución reconociera oficialmente la existencia de los pueblos indígenas en el país. Pero también aclara que ese reconocimiento legal no se ha traducido en protección efectiva, ni en políticas públicas que garanticen sus derechos.

Con datos del Censo 2024, se confirma por primera vez que en El Salvador hay 68,148 personas indígenas, el 1.1% de la población. Pero los números no bastan para entender lo que enfrentan a diario las mujeres indígenas. El podcast revela que estas mujeres no solo padecen violencia de género, sino también violencia estructural, espiritual y ambiental, muchas veces agravada por el racismo y el desprecio a sus saberes ancestrales.

En plena pandemia, lideresas indígenas de pueblos Lenca, Kakawira y Nahua-Pipil decidieron organizarse y crear el Observatorio Nacional Sijsihuat Mejmetzaly (Mujer Luna), un espacio que nació del corazón de las comunidades. Con el respaldo de RENAMIES, la Red Nacional de Mujeres Indígenas, y el apoyo de ONU Mujeres y el Fondo Canadiense para Iniciativas Locales, 25 lideresas se formaron en violencia de género y aprendieron a levantar datos desde sus propias realidades.

Lejos de replicar esquemas institucionales, las lideresas crearon una herramienta con enfoque territorial, cultural y de género. Aprendieron a hacer encuestas, adaptaron metodologías a contextos con poca conectividad, y lograron que más de 600 mujeres indígenas compartieran sus experiencias de violencia en espacios seguros.

El caso del Observatorio ofrece varias lecciones. Primero, que las respuestas más efectivas a la violencia surgen cuando las propias comunidades participan en el diseño de las soluciones. Las lideresas no solo aportaron su tiempo y saberes; también adaptaron las herramientas tecnológicas a sus realidades.

Se reunían en patios o casas comunales, en ocasiones desde un solo celular, conectaban a varias mujeres para aprender juntas. Así comenzaron a identificar patrones de violencia que antes pasaban desapercibidos: agresiones físicas, psicológicas, sexuales, pero también violencia simbólica y espiritual, como cuando se les prohíbe practicar sus ceremonias o cantar en su lengua.

Otra voz clave en este esfuerzo es la de Omelina Méndez, quien lidera un grupo de 30 mujeres indígenas en Santa Catarina Masahuat, Sonsonate. Ella relata cómo las encuestas del Observatorio se transformaron en espacios de confianza y de sanación colectiva. Ellas consideran que nombrar estas violencias no es solo una denuncia: es un acto de memoria y de dignidad.

Los datos recabados por el Observatorio son contundentes: más de la mitad de las cerca de 600 mujeres encuestadas han sufrido algún tipo de violencia. Un 3.1% reportó haber experimentado «violencia espiritual», un concepto que rara vez se incluye en estudios oficiales, pero que para las comunidades indígenas significa el ataque directo a su identidad cultural.

Estos datos llenan un vacío grave: El Salvador no realiza una encuesta nacional sobre violencia de género desde 2017. Eso significa que, por casi una década, el país ha carecido de estadísticas actualizadas que reflejen la magnitud y evolución de las violencias que viven las mujeres en el país. En ese vacío, el trabajo del Observatorio se vuelve aún más valioso y urgente.

Este episodio de Las voces que faltan no solo amplifica testimonios silenciados, también documenta una estrategia de resistencia: mujeres indígenas organizadas, formadas y decididas a construir sus propias herramientas para hacer frente a la violencia. Para estas lideresas los datos que son revelados desde las propias comunidades son de suma importancia.

El podcast es una invitación a escuchar lo que por tanto tiempo no se quiso oír. Escuchar no solo con atención, sino con compromiso. Porque si algo queda claro tras oír a estas lideresas, es que las voces que faltaban ya están hablando.

Este reportaje se realizó con el apoyo de la Solutions Journalism Network y la Fundación Hewlett, a través del Fondo para el Periodismo de Soluciones en Latinoamérica, una iniciativa de El Colectivo 506. El reportaje se publicó en colaboración entre Revista Elementos.

Roque Dalton y el legado náhuat en Lyle Campbell (2)

Foto Archivo Dalton

II. Lengüicidio

Mientras se entreteje la trama de falsas acusaciones, un acto creativo ignorado inclina la balanza hacia la justicia.  El lingüista estadounidense Lyle Campbell merodea por los pueblos del Occidente salvadoreño.  Establece contacto con los nahua-hablantes.  Realiza un serio trabajo de campo, mientras los disparos letales resuenan como truenos de lluvia destructiva cercana.  El granizo alterna con el abono.  Entre el deshacer del olvido y el hacer del recuerdo.

En mayo y junio, su lápiz fulgura la segunda obra magna del náhuat-pipil del siglo XX.  Luego del alemán Leonhard Schultze-Jena (1930-1935), la recolección certifica la vigencia de la mito-poética en el canon literario salvadoreño.  Los relatos “Los Huracaneros”, “El Arco” y “La Siguanaba” datan de junio y julio de 1975.  Tinta roja al margen anota errores, correcciones, futuras enmiendas al réquiem sordo que apenas escucha.  Emergen rostros mito-poéticos marginados: Los Huracaneros, Alvolario.

En firma invisible, las narraciones legalizan que el tornasol supera las armas.  Los contemporáneos ignoran ese legado.  Fluye sin cuenca común a sus designios políticos.  Lo náhuat-pipil y la gesta social discurren por vertientes paralelas.  Afines se reúnen en el infinito, es decir, en la Muerte.  La cita converge en el deceso de una identidad nacional sin custodia de lo dual.  Tal con-junción deduce la rima terminal de ambos actos: fratricidio y lengüicidio.

Acaso nombra el suicidio de la consciencia cultural en su doble afluente: urbana y rural; mestiza e indígena.  El convenio del (des)encuentro iniciaría el ideal poético de la historia: estar-ahí junto a los muertos.  Se llama “Juan Preciado”, quien se queda dormido y sueña el futuro al lado de los muertos.  Lo recubre el pretérito revocado.  Al medio de la identidad se sitúa la Muerte —que la vigila (i:x-pelua).  La semilla/ojo (-i:x) en el fruto, espera el renacimiento.

La guerra reitera el olvido necesario al recordar.  La obra de Campbell la destierra a los Países Bajos, en inglés y náhuat-pipil (1985), como la de Dalton emigra fragmentada hacia otros países.  Entretanto, los estudios culturales florecen en el extranjero.  Empero desdeñan un concepto náhuat-pipil clave.  Sus mismas investigaciones lo proclaman esencial.  Para entender el conflicto en el istmo centroamericano, se exige transcribir la versión oral de los hechos vividos.  Sólo en español; English only.

Se trata del testimonio, precedente poético de la historia académica.  La experiencia visual (-i:xpan; -i:xmati, de –i:x, “ojo”) de un evento no la privatiza el monolingüismo literario salvadoreño.  Certifica una idea singular de historia náhuat-pipil.  La óptica (-i:x) salvaguarda la vivencia comunal, antes de todo escrutinio.  El co-nocer —co(n)- = with; Mitsein— precede el saber documental y abstracto.  Asimismo, la creencia (-yu:l-mati) certifica que el relato de ese testimonio visual es verdadero.  Empero, el rédito político de la época reniega de ese legado ancestral, intraducible a la inmediatez de su utopía.

Además de la noción de testimonio, otros conceptos mestizos claves adquieren un sesgo inédito.  El temor y el miedo —su derrota legendaria— los encarnan figuras nocturnas.  Es necesario confrontarlas para sobrevivir.  Sean la calavera (-Tzun-Tekumat, “la Punta del Tecomate”), la Sihuanaba y el Cipitío, estos espectros se dotan de rasgos distintivos a la tradición castellano-mestiza.  Ni la mujer seduce y atonta al hombre libidinoso, ni el niño se inviste de Cupido que arroja pétalos a las casaderas.  En cambio, en trinidad con la Calaca, evocan lo Real de la Enfermedad y de la Muerte, esto es, el envés nocturno de la vida humana en su triunfo asoleado.  Ambos polos giran en re-volución perenne alrededor del mismo astro en alimento.

El alimento verifica la guerra cotidiana.  La batalla diaria presupone el crimen primordial.  Un cadáver —vegetal o animal— se ingiere luego en aderezo.  Si califica en fratricidio —cual la guerra civil de los ochenta— este nombre lo justifica reconocer la semejanza.  Lo natural es lo propio a lo humano, no lo distinto ni distante.  Tampoco lo inferior en sus cualidades químicas y biológicas.  Exhibe el atributo corporal y anímico que sustenta lo humano.  El notario de los Huracaneros rubrica la equivalencia entre lo animal y el ánima.  La carne (nakat, meat) de pavo destila el sabor de la carnalidad (-nakayu, flesh) de su compañera desaparecida.  Su memoria pervive entre huesos y plumas.

Delicadeza del ensueño.  La mordida paladea el guiso.  Al dormir le re-muerde el vientre en desquite recíproco.  Acaso, por esa vivencia, se ingresa a la abertura (-ten) de “esa muerte” (-miki) “de cada noche, que se llama sueño” (-(i:x)-te(n)-miki).  Nada resulta más sorprendente que la filiación del sueño y la muerte.  El vaivén de la balanza rige las estaciones de la siesta y la vigilia.  El xu:pan refugia la ilusión del “verde que te quiero verde”: la cosecha.  Lo reseco del tu:nalku enmudece bajo la incandescencia de la lumbre y su dádiva pajiza: lo estéril.

Más allá de la gramática, el legado de una lengua lo testifican esos espectros (-Kuhkul, Gespenst), vivos en el remordimiento.  Emanan de la violencia hasta esparcir su heredad en semilla (-i:x), sinó/homó-nimo del ojo (-i:x).  Carcomen la memoria.  Al hurgar el pasado, impulsan recuerdos hacia el porvenir.  Re-volucionarios obstinados, los espectros “vuelven como la aurora y el ocaso”.  Su estatuto jurídico, a veces se lo otorga el origen.  Por ello, hacia esa misma época del desencuentro azaroso, los “fantasmas (Gespenst)” del marxismo asientan verdades científicas.  Prometen el mundo dichoso de una nueva alba al alcance del ensueño armado.  Por desdén, los manes (-Kuhkul) náhuat-pipiles dormitan bajo el letargo del silencio.

Sin embargo, perviven en la naturaleza humana a dueto indisoluble: cuerpo y alma, biología y energía psíquica.  Por su perenne combinatoria —humano en la naturaleza; naturaleza humana— el dúo crece a imagen de su entorno.  El emblema se lo otorga el fruto del morro.  Lo calca la esfera de la cabeza, en su deseo de irradiar semillas migratorias hacia el ambiente.  Se vuelve cogollo en flor bajo la lluvia tenue; sombra apacible, al sol radiante.  Lo copia el vientre materno que sazona el feto en su vasija.  Imagen del guiso, la fruta y el niño sazonan antes de desperdigarse en estallido nómada.  A triple nombre según su variedad —tekumat/wahkal/chi:chiwal; “tecomate/huacal/chichihual”—, evoca ese triunvirato de recipiente natural y culinario, cabeza errante en su deseo, hasta seno materno en la sazón y el cuidado del engendro.

La planta explaya la divisa.  Semeja la cabeza y el deseo; el vientre y la fecundación.  El cuerpo es un árbol frondoso a hojas bruñidas.  Difunde frutos verdes y letales como piedras macizas; frutas maduras en retoño promisorio.  Tal es el zapote quien prosigue la insignia del morro.  Al igual, surge en nuevo follaje —el pochote en algodón blancuzco.  En la selva edifica los axis mundi, ejes que conectan mundos paralelos.

Paralelos, ya que los niños ((pih)pipil) cuelgan (-pilua) de sus ramas como en el aula aprenden del maestro.  Su inmueble sólido archiva la Biblioteca de Cuzcatlán, la de Izalco, y otros pueblos hasta la remota aldea de Comala.  Metáfora del Camino Real —enlace entre Aztlán y Cuzcatlán, del pasado al presente— la geo-grafía ofrenda el manuscrito más antiguo.  La escritura (graphos) debe descifrarse en herencia interminable.

En limo, la vivencia de la lengua construye una vereda hacia la selva (kujtan).  En el bosque, los hechos históricos difuntos se cobijan bajo la fronda de nuevas palabras.  Paciente, el neófito estudia “como el árbol que no apremia su savia”.  Es árbol de amate (amat) quien augura el papel (amat), la lectura (amatachia; amtaketza; amaita) y la escritura en cuaderno (amatzin).  Sólo ve (ita) ese árbol (amat) que alza (ketza) el documento (amataketza) de lo pasado (ikman panutuk).

Asimismo, el cuerpo se halla inscrito.  Un tatuaje natal —el ombligo— lo vuelve texto escrito, desde los comienzos en el reino de este mundo.  Despojado de su investidura original —la placenta— inaugura su disgregación continua.  Por su grandor (-we:yka), el cuerpo despliega una corporación de miembros.  Se disocian según su potencial anímico cual el ojo en la óptica —cabeza (-tzuntekun), “renacimiento del morro/tekumat”; hueso (-u:mit), “vida latente”; corazón (-yu:lu), “vida, alma, energía”; mano (-ma:-), conteo (ma:kuil); etc.

Hecho fractal, el cuerpo humano semeja los ámbitos autónomos de las ciencias contemporáneas.  Imita su vocación de fragmentos, en Aleph borgeano.  Cada sección es un infinito (n+1).  Todo segmento se divide en múltiples cascajos tan diminutos como lo conciba el imaginario (1/2, 1/4, 1/8…).  Las partes sólo se vinculan en la ideología, dicen.

De esta disemi-Nación derrridiana brotan los Tepehuas.  Derraman la lluvia,  Esparcen flores y frutos.  Prodigan la riqueza natural.  Su dispersión en espectro —fantasma y banda en arco iris—  anticipa la migración de sus protegidos: los salvadoreños mismos.  Viajan; cambian de nombre —Tepehuas; Nanahuatzin—; mudan de ropaje según la temporada y el territorio distante.  Hasta reconocerse en la chilena Gabriela Mistral.  En intuición asegura “yo nací de un cuerpo tajado”, en fractal de semillero.  El Big-Bang del cuerpo y las migraciones desembocan en una coda sin danza.  En esa orilla, sólo “alcanza las estrellas” quien “lo cercano lo halla tan lejos”.

III.  Coda sin danza

 

El proceder poético lo indaga la coincidencia de hechos en serie que se consideran independientes.  André Breton

Dos eventos suceden hacia mediados de 1975.  Por diseño científico de la historia, cuarentaitrés (43) años después, aún no se juzgan con-temporáneos.  No com-parten el mismo espacio-tiempo —El Salvador-1975— sino ocurren sin co-nexión en una memoria escindida.  La muerte del poeta y el estudio del náhuat-pipil no sellan juntos una identidad nacional.  La una, injusta, recibe múltiples respuestas; el otro, imparcial y renovadora, pasa desapercibido hasta el anhelo actual de resucitarlo.  Quizás por fin el presente desfallezca de evocar siempre hechos desmembrados.

Ambas esferas confiesan su vocación de Ave Fénix, en retoño de ceniza.  “La ceniza habla; nexti taketza”, testifica el archivo milenario.  El fichero le otorga el don de la palabra (Logos) —oral y escrita— al entorno, a las ruinas de la memoria.  A su re-verso de olvido.  En pareja rival, el legado sólo lo convoca la ficción de la poética.  El arte (Tekhne) exhorta a rebasar la esquizofrenia, divisoria de disciplinas y comarcas.  La identidad nacional se bifurca entre la literatura monolingüe y la revitalización gramatical.

Desde 1975, el azar objetivo —la co-incidencia— exige el rescate mutuo.  La doble ofrenda elimina un cuerpo y un estudio.  La restitución completa de ambas dotes asienta la obligación actual de una poética.  Es necesario compilar el archivo del escritor: manuscritos originales del poeta; respuestas críticas a su obra literaria y política, en vida.  Las opiniones post-mortem —necesarias también— jamás reemplazarán la documentación primaria, ausente en El Salvador.

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CUADRO I

 I. Falta de concordancia de número

entonces naka-k pensativo muchi ne hwamilya tayika te: ki-kwah pe:lu ne uh-u:mi-t ni ke ne plumah (uh-u:umi-t ≠ poseído)
entonces quedó pensativa toda la familia porque no lo come el perro los huesos ni las plumas.

Nótense los siguientes tres rasgos: secuencia verbal pretérito-presente (1), falta de concordancia entre el índice de objeto singular (ki-) y las frases nominales plurales (2), así como carencia de posesivo en una parte esencial del cuerpo que en la oración anterior del mismo relato resulta inherente: ne i-uh-u:mi-yu ne chumpipi, “los huesos del chompipe”.  Acaso “los huesos y las plumas” definan la unidad permanente de un solo individuo.

k-al-temultia; tah-ta:ka-met.

lo hacia/aquí baja, son-hombres = hacia aquí lo baja a los hoimbres

Nótese la falta de concordancia del índice de objeto singular (k-) con su referente plural (los hombres); el pasado, se recupera del contexto narrativo, a describir en seguida.

II. Falta de concordancia temporal

VI. El Nanahuátzin

(Cuisnáhuat, 1976)

a:xa:n katka se: ta:ka-t mu-na:miktih (1).  tesu ki-mati katka ka ne i-siwa:-w se: bru:hah (2).  ka tah-tayuwa kuchi nemi (3).  ne i-siwa:-w ki:sa pa:xa:lua (4).  mu-kech-kupi:na ki:sa pa:xa:lua (5).  naka ne i-kwerpoh, se: maya ne i-tsuntekun (6).  yaha ki-tahtan se: konse:hoh wan ki-maka-ke-t, ki-maka-t se: konse:hoh (7).  k-ilwih-ke-t ma: ki-ma:walti chi:l (8).  pwes ki-ma:waltih ne se:yuk (9).  wi:ts ka madrugada ne i-tsuntekun; te:-ya su weli-k mu-sa:lua (10).

Ahora era un hombre se casa (1).  No lo sabía que su mujer es una bruja (2).  Que las noches está durmiendo/duerme está (3).  La su mujer sale, pasea (4).  Se quita la cabeza, sale, pasea (5).  Queda su cuerpo, una sola la su cabeza (6).  Él lo pide un consejo y le dieron, le dan un consejo (7).  Le dijeron, le unte chile (8).  Pues le unta chile el otro (9).  Viene en la madrugada la cabeza; ya no pudo, se pega (10).

Nótese que al inicio el tiempo pasado sólo lo evocan katka en (1) y (2) —transcurre hacia el presente (2-6)— hasta el uso del pretérito plural -ke-t, en (7-8), y del pretérito singular -k en (10)

[…]

wan tami k-al-nu:ts-ke-t ne in-lama, ki-neki-t temu-t, ma: k-al-temulti (71).   pwes ya:h-ki ne lamah-tsin (72).  k-al-temultia; tah-ta:ka-met (73).  k-ilwia-t ne in-lama, “na:ni:ta, mu:sta t-yu-t ti-yawi-t ti-ta-pe:wia-t”, k-ilwia-t (74).

y termina, llamaron la (es)-su-nana, lo quieren, bajan, que lo (=los) hacia/aquí-baje (71) pues llegó la (es)-viejita (72) lo hacia/aquí-baja, (son)-hombres (73) lo/e dicen la (es)-vieja, “nanita, nanita”, mañana vamos. cazamos, lo/e dicen (74).

III.  Posesión inherente impredecible

ti-k-tu:ka-t ne i:x ne kakawa-t (i:x ≠ inherente)

sembramos la semilla de cacao = la-sembramos la semilla el cacao

ya:h-ki k-ita ne lamah-tsin; se:l pi:pil-tsi-tsin ne i-i:x-yu ne tekuma-t, se:l pi:pil- tsi-tsin (i:x = inherente)

Fue, lo ve la viejita; sólo son-muchachitos la su semilla del tecomate, son-muchachitos

Ejemplo de transgresión gramatical o creatividad poética.  Las reglas normativas de la gramática no predicen la disrupción del tiempo gramatical —el pasado vivo en el presente— ni la concordancia.  Se reproduce la parataxis que “parcela el acaecer en una serie de imágenes, a escasos personajes” (Auerbach).  Igualmente sucede con la posesión inherente (-yu) del mismo objeto —semilla (-i:x)— que resulta impredecible, esto es, al arbitrio de la creatividad. narrativa. 

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Es necesario restituir el archivo mito-poético náhuat-pipil y el Espectro (-Kujkul, Gespenst) del lenca y otras lenguas indígenas salvadoreñas en el olvido.  La filosofía —la sabiduría (sophos) del amigo (philos)— y el legado literario de una lengua no los dictamina la gramática.  Los dicta —Dichtung = poesía— la actividad creativa de los hablantes.  Su inventiva —la demuestran los textos en Campbell— transgrede las reglas gramaticales: posesión, centro rector, tiempo gramatical, etc.  (véase Cuadro I).  La narrativa crea su propio universo del discurso.  Las exigencias poéticas son múltiples, abreviadas así:

1) La lengua es acto de habla, antes que potencia gramatical; diálogo y texto, antes que oración aislada (véase Cuadro II), “por la violencia del análisis gramatical” (Paz, 49).

2) Creación social y personal, antes que reglas prescritas a aplicar en serie.

3) Enlace momentáneo entre esferas disímiles, antes que escisión analítica.

4) Duda perenne entre el sonido y el sentido, ya que el asiento sonoro, movedizo, descontrola al conductor-hablante; trastorna al acompañante-oyente, en duda de los sentidos literales. El sonido y el sentido sueldan su enlace indisoluble en la repetición sinfín en los relatos, antesala de la música actual.  El ejemplo siguiente tipifica el estilo en música repetitiva de los relatos.  Ta: ki-kwa ne ta:ka-t k-i:xti-lia, k-i:xti-lia, muchi k(-)i:xti-lia, ta: ki-neki ki-kwa muchi k(-)i:xti-lia, qué come el hombre, se lo quita; se lo quita; todo se lo quita; qué lo quiere, lo come, todo se lo quita.

5) La deuda en lengua, los vivos la contraen con los muertos. La experiencia directa y el testimonio en idioma guían el encuentro con los antepasados — con los –kuhkul.  A menudo se comunican por un axis mundi arbóreo, preludio de la Biblioteca de Babel.

Opuesto complementario de la historia, la poética generaliza lo particular.  Ofrece soluciones concretas, inventivas y proyectos futuros.  Vaticina los hechos en palabras; los elabora en el idioma.  Humilde servidora de la lengua, la poética aspira al discurso (Logos), sin calcar los hechos que arguye la historia a veces en performativo-imperativo.  Sumergidos en el olvido no siempre brotan en evidencia racional; envueltos de moho, la poética los sueña en doble sentido: acto involuntario del recuerdo y plan futuro exhausto de fraguar ideas sin diferendo.

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CUADRO II

 I. El Sipitillo (Lyle Campbell)

(Santo Domingo de Guzmán, julio del l975)

(El sipitillo es una criatura sobrenatural parecido al pulgarcito con rasgos del jinete descabezado).

Se omite el análisis lingüístico original para facilitar la lectura semi-literal.  El texto aplica la idea intuitiva de todo hablante al traducir en calco, i.e., en español nuevo-mexicano: “traes los libros pa’tras = you’re bringing back the books”; “yo me gusta té caliente = I like hot tea”; “voy pa’dentro/fuera/rriba/bajo”.  Además, la constante repetición resulta un rasgo estilístico común del habla náhuat-pipil y la “pop music” o “rap” en inglés (escúchese: J. Cole, Marroon 5, Ed Sheeran, Taylor Swift, etc.).  De esta manera, sin calco absoluto, se copia el flujo sonoro de la lengua —la textura gramatical.  Por convenio editorial, la glosa literaria la adapta a un ritmo musical ajeno, cuando el ritmo implica “la unidad de la frase” (51), en la cual “el mito regresa” (Paz, 63)

ne sipiti:yuh ni-k-i:xmati nu:san ka ki:sa tah-tayuwa nu:san wan nu:san a las doce  de la noche (1).  ne sipiti:yuh chikitik-chín ma: tumak ne i-xumpe (2).  tesu ombrón, tesu ko:h-tik, chikitik-chín puru henteh (3).  kah ki-chih kombenír ki-chih ganár nu:san (4).  axta ki-maka tutu:nik ke:man kin-mu:tia (5).  ya:ne (=yahane) k-ilwia-t sipiti:yut (6).  varios tesu k-i:xmat-ke-t ma: ka ki-chih kombenír ki:sa, ki:sa con la noche, las doce de la noche, tayuwa (7).  ne siyuhti ne nu-piltsin ki-mu:tih ka ya:h-ki ki-mu:tia tsana-t ne: tik ne mi:l (8).  yahika ki-mu:tih-a, ina k-ita-k ne sipiti:yuh, ina (9).  su:siu el pelu:du wan tumak i-xumpe, wan chikitik-chín (10).

Era muy sucio, peludo, con un enorme sombrero, y muy pequeñito (11).  yahika ya k-i:xmati nu:san ne sipiti:yuh (12).  ki-mu:tih (12).  axta kukuya-k, ki-mak tutu:ni-k (13).  apenas ni-k-pahtih, ni-k-mat reme:dyuh (14).

 Traducción semi-literal (RLM)

El Cipitío lo conozco también que sale las noches también, y también a las doce de la noche (1).  El Cipitío es pequeñito, pero enorme es su sombrero (2).  No es hombrón, no es alto, es pequeñito pura gente (3).  Quién lo haga-convenir/conviene, gana también (4).  Hasta le da fiebre, cuándo los asusta (5).  Éste le dicen Cipitío (6).  Varios no conocen, que no lo haga-convenir/conviene, sale, sale con la noche, las doce de la noche, noche (7).  Una vez al mi hijo lo asusta; fue, lo asusta zanate ahí en la milpa (8).  Así es, lo asusta ya, cuenta, lo vio el Cipitío, cuenta (9).  Sucio es, el peludo y grande es su sombrero, y es pequeñito (10).  Así es, él lo conoce también el Cipitío (11).  Lo asusta (12).  Hasta enfermó y le da fiebre (13).  Apenas, lo curo, lo sé el remedio (14).

Ejemplo de narrativa corta

La traducción semi-literal acentúa los rasgos estilísticos propios al idioma, a saber: testimonio visual (-i:x-mati = co-nocer), verbos conjugados en serie, parataxis “para expresar lo impulsivo y dramático”, repetición al soldar el sonido con el sentido, oscilación temporal al volcar el pasado vivo hacia el presente.  Nótese también la diferencia radical entre la tradición literaria canonizada y la náhuat en el olvido, al comparar este relato con el cásico de Miguel Ángel Espino. 

Rasgos narrativos distintivos

Versión     Espino     náhuat-pipil

 Aspecto

Pelo                     -                        +
Sucio                   -                        +
Belleza                +                       -
Flor (anthos)     +                       -
Amor                   +                      -
Espectro              -                      +
nocturno
Abandono           +                      -
materno
Enfermedad       -                       +
Susto                    -                       +

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En su hablar y escribir —en su creatividad y enlace— el habla sucede en sociedad.  El Yo siempre debe admitir la posible disidencia del Tú.  La poética culmina en el principio democrático del diálogo.  Se desdobla en po-Ética.  Es po-Ética en el instante en el cual la recepción invierte el dicho del hablante en espejeo.  En el reconocimiento mutuo —Yo X Tú— brota una cultura del diálogo.  Del respeto bilateral sin lo uniforme.  La democracia se ancla en la po-Ética, en el acto de habla a doble faz.

Su carácter disímil entona —no una interpretación válida, la nueva historia oficial— sino una sinfonía coral en conflicto de voces engarzadas.  La po-Ética no prescribe el monólogo ni el canto al unísono.  El retorno nostálgico a 1975: cuerpo vivo del poeta faltante; carencia nacional del estudio náhuat-pipil.  Situada en el extremo Sur —en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”— sugiere lo distinto.  “Un libro (Yo) que no encierra un contralibro (Tú) es considerado incompleto”.

 

PRIMERA PARTE: Roque Dalton y el legado náhuat en Lyle Campbell (1)

Asesinatos y persecución judicial: ¿el manual extractivista en El Salvador?

En junio de 2009 fue asesinado Marcelo Rivera, maestro, promotor cultural y ambientalista de San Isidro, Cabañas. Fue desaparecido y su cadáver encontrado varios días después en estado de descomposición al interior de un pozo, con graves señales de tortura. Marcelo Rivera era el principal activista contra el proyecto minero El Dorado, que la empresa canadiense Pacific Rim pretendía desarrollar en su municipio.

Seis meses después, en diciembre de ese mismo año, fueron cruelmente asesinados Ramiro Rivera y Dora Sorto. Ramiro Rivera fue emboscado cuando se conducía en su vehículo y murió bajo una lluvia de balas de armas larga disparadas por sicarios muy bien entrenados; y a Dora Sorto le dispararon cobardemene por la espalda cuando venía de traer agua y lavar ropa, con un bebé en sus brazos y otro de ocho meses en su vientre. Ambos se oponían a la instalación de una mina en el Cerro Limón, en el cantón La Trinidad, municipio de Sensuntepeque, a orillas del Río Lempa.

Los crímenes contra estos ambientalistas anti mineros están impunes, catorce años después de su cometimiento. Por el asesinato de Macerlo Rivera fueron procesados cuatro pandilleros de Ilobasco como supuestos autores materiales, pero no se investigó la autoría intelectual; mientras que en los casos de Ramiro Rivera y Dora Sorto nunca se capturó ni siquiera a los responsables materiales de ambos crímenes.

La responsabilidad de investigar los asesinatos la tuvo Rodolfo Delgado, actual fiscal general de la República, quien entonces fungía como jefe de la Unidad Fiscal Especializada en Delitos de Crimen Organizado. El pasado 8 de diciembre, en el marco del 14 aniversario de estos crímenes atroces, comunidades de Cabañas exigieron justicia.

Estos asesinatos, sin embargo, no detuvieron ni disminuyeron la lucha comunitaria contra la explotación minera y ocho años después, en marzo de 2017, se logró la aprobación unánime de la Ley de Prohibición de la Minería Metálica, como resultado de un amplio consenso nacional sobre la inviabilidad de esta industria extractiva. Diferentes y diversos sectores sociales, políticos, académicos, gremiales y religiosos coincidieron en que la minería de metales no es factible en nuestro país debido a la estrechez territorial, la alta densidad poblacional y el grave deterioro de los recursos hídricos.

Esto convirtió a El Salvador en un hito mundial, al ser el primer país en proscribir en forma definitiva la más contaminante de las industrias extractivas (algunos sólo prohíben las minas a cielo abierto y otros minería utilizando cianuro). En mi opinión, la prohibición por ley de la minería metálica es el segundo gran acuerdo nacional, después de los Acuerdos de Paz de 1992.

No obstante, este importante acuerdo nacional está siendo desmontado por el actual gobierno que muestra interés en la extracción minera. Hay señales contundentes en este sentido: en mayo de 2021, El Salvador se incorporó al Foro Intergubernamental sobre Minería, Minerales, Metales y Desarrollo Sostenible; en octubre del mismo año se aprobó una nueva Ley de Creación de la Dirección de Energía, Hidrocarburos y Minas, que incluye la minería metálica; y en el presupuesto estatal de 2023 hubo una partida de 4.5 millones de dólares para “revisar y actualizar la ley que prohíbe la minería”, sin que hasta esta fecha se conozca públicamente algún resultado de dicho proceso.

Además de estos hechos públicos que alertan sobre la eventual reversión gubernamental de la prohibición de la minería, pobladores de Cabañas denuncian que a la zona han llegado supuestos personeros de empresas extractivas con la intención de comprar o alquilar terrenos con potencial mineral expresando que «ahora sí tendrán permisos para operar».

En este contexto se realizó la detención arbitraria y se desarrolla el injusto proceso penal contra los líderes comunitarios de Santa Marta y ADES, quienes tuvieron una participación decisiva en la lucha antiminera. Por eso se afirma que se trata de una instrumentalización del sistema judicial para perseguir a defensores ambientales, cuyo objetivo sería debilitar la resistencia comunitaria para facilitar la reactivación minera.

Así lo denunciaron 250 organizaciones de treinta países en un comunicado publicado en febrero pasado y de esa manera lo consigna también la Relatora Especial sobre la Situación de Defensores de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Mary Lawlor, quien se ha pronunciado dos veces en favor de los ambientalistas detenidos. Una carta de 17 congresistas estadounidenses, que pidieron a su secretario de Estado Antony Blinken mediar en el caso, también destaca el rol de los líderes comunitarios en la resistencia anti minera y en la aprobación de la ley prohibitiva.

La idea de que es un caso «inventado» para perseguir a los ambientalistas se refuerza con la debilidad jurídica del caso y la falta de pruebas en el requerimiento penal, pues éste se basa su acusación en el testimonio contradictorio de un testigo protegido que primero habría dicho que vio y después que le contaron. La Fiscalía tampoco encontró el cadáver de la persona supuestamente asesinada en 1989.

Si la tesis de la manipulación judicial es real, estaríamos frente a una estrategia deliberada probablemente impulsada por quienes buscan reactivar proyectos mineros sin importarles las graves consecuencias ambientales, sociales y económicas. Es decir, si en el pasado el manual contemplaba asesinar, la acción ahora sería perseguir penalmente a quienes se opongan al extractivismo minero.

Y esta misma estrategia podría ser utilizada contra otros activistas que representen un obstáculo para cualquier proyecto estratégico del gobierno. Incluso, se puede usar contra periodistas, académicos, analistas y ciudadanos críticos de la actual gestión pública o que simplemente no se sometan a los intereses y a la narrativa oficial.

Ojo con eso.