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Reggaetón, fiesta de los pobres y dinámicas culturales


Adorno y Horkheimer (1947) denuncian la industria cultural como fábrica de pseudo placer que integra masas al sistema, estandarizando hits para la conformidad.
Publicado en febrero 23, 2026
Antropólogo y educador.

Un análisis antropológico del Super Bowl LX

El Super Bowl LX, celebrado en febrero de 2026, contó con un espectáculo de medio tiempo liderado por Bad Bunny, quien presentó un set de reggaetón en español con invitados como Lady Gaga, siendo la primera vez que este género domina el evento. Este fenómeno invita a un escrutinio antropológico que integra perspectivas anarquistas y marxistas sobre la «fiesta de los pobres», la industria cultural de Adorno y Horkheimer, y la modernidad líquida de Bauman. El artículo explora cómo el reggaetón, originario de barrios marginales, se transforma de resistencia subalterna a producto globalizado.

El reggaetón surge en los años 90 en barrios pobres de San Juan, Puerto Rico, como expresión de la «acumulación subalterna», donde clases bajas, racializadas y extralegales, crean una cultura alternativa a la narrativa nacional burguesa (Rodríguez Rivera, 2015, p. 28).

Temas de perreo, drogas y sexualidad libre configuran la «fiesta de los pobres». Un espacio lúdico que subvierte normas éticas del capitalismo, priorizando placer inmediato sobre acumulación laboral.

En el Super Bowl, Bad Bunny revivió este espíritu con canciones como Safarea y Yo Perreo Sola, atrayendo 120 millones de espectadores y fusionando dembow con elementos pop. Esta proyección globaliza la fiesta, pero plantea interrogantes sobre su autenticidad: ¿permanece como contrapoder o se diluye en consumo masivo? (Graeber, s.f., p. 52).​

Desde una lente etnográfica, el reggaetón forja «comunidades imaginadas» (Anderson, 1991, citado en Rodríguez Rivera, 2015, p. 30), donde perreos en fiestas callejeras disuelven jerarquías de género y clase temporalmente.

Bad Bunny, con su estética callejera y letras feministas, encarna esta tradición, pero su presencia en la NFL, empresa con historia de exclusión racial, genera tensiones, como críticas conservadoras por «promover inmoralidad». Así, la fiesta trasciende lo local, convirtiéndose en símbolo de orgullo latino en Estados Unidos. ​

Antropología anarquista: autonomía y contrapoder en las fiestas subalternas

David Graeber, en su antropología anarquista, argumenta que sociedades sin Estado operan mediante consenso y ayuda mutua, rechazando jerarquías coercitivas (Graeber, s.f., pp. 44-46). Las fiestas de reggaetón ejemplifican esto: autoorganizadas en solares puertorriqueños, evitan líderes permanentes y fomentan igualdad vía ritmo colectivo, similar a rituales indígenas que «previenen el poder» (Clastres, 1981, citado en Graeber, s.f., p. 48).

El Super Bowl transforma esta dinámica en espectáculo pasivo, donde espectadores consumen en lugar de participar, pero retiene potencial utópico al viralizar mitos de libertad sexual y barrio.​​

Graeber critica el vanguardismo leninista por imponer estructuras, proponiendo en cambio «acciones directas» cotidianas como el vacilón reggaetonero (Graeber, s.f., p. 60). En 2026, Bad Bunny's set —con coreografías colectivas y gritos de «¡Pa' los míos!»— evoca esta horizontalidad, contrastando con la verticalidad corporativa de la NFL.

Sin embargo, patrocinios como Pepsi licúan esta autonomía, convirtiendo fiesta en mercancía. La antropología anarquista ve aquí una «zona temporalmente autónoma» (Hakim Bey, citado en Graeber), efímera pero replicable en pantallas globales.

Antropología marxista: clase, raza y cooptación hegemónica

La perspectiva marxista interpreta el reggaetón como ideología del lumpenproletariado, donde marginales acumulan culturalmente contra explotación capitalista (Rodríguez Rivera, 2015, pp. 35-37). Gramsci's hegemonía explica su ascenso: de underground censurado a soundtrack global, neutralizando la rabia de clase mediante consumo (como en hip-hop post-N.W.A.). En Super Bowl LX, Bad Bunny critica desigualdad en «El Apagón», pero el evento —con $7 mil millones en ingresos— la enmascara, promoviendo sueño americano vía estrellas latinas.

Esta cooptación racializa: reggaetón, ligado a negritud afrocaribeña, integra latinos en narrativa EE.UU. post-Trump, diluyendo lucha anticolonial (Rodríguez Rivera, 2015, p. 39). Polémicas por lenguaje explícito revelan burguesía protegiendo moral, mientras proletarios celebran. Marxistas como Williams ven en cultura popular «formaciones hegemónicas emergentes», donde reggaetón podría radicalizarse si evade industria.​​

Adorno y Horkheimer (1947) denuncian la industria cultural como fábrica de pseudo placer que integra masas al sistema, estandarizando hits para conformidad (p. 134). El halftime de Bad Bunny, coreografiado por Hamish Hamilton con pirotecnia y invitados, exemplifica «cultura administrada»: reggaetón se adapta a 3 minutos, perdiendo crudeza por brillo hollywoodense. Esta «falsa reconciliación» hace tolerable alienación, vendiendo fiesta pobre como aspiración universal.​​

En Latinoamérica, Martín-Barbero (1987) matiza: mediaciones populares reapropian medios, como radio pirateando reggaetón (Martín-Barbero, 1987, p. 12). No obstante, Super Bowl globaliza estandarización, donde Bad Bunny de Spotify a NFL encarna estrella adornoana, alienada de raíces.

Revolución líquida: fluidez identitaria en la cultura global

Bauman (2000) «conceptualiza modernidad líquida como erosión de sólidos por flujos consumistas, donde identidades son híbridas y desechables» (. 82). Reggaetón en Super Bowl licua subcultura: dembow se funde con EDM y ópera (Gaga), creando híbrido para audiencias volátiles. Esta fluidez refleja globalización neoliberal, donde «fiesta de los pobres» migra de solares a streaming, priorizando cambio sobre arraigo.

Bauman critica consumismo efímero que disuelve comunidad (2000, p. 90); así, post-Super Bowl, memes y TikToks fragmentan experiencia en bits líquidos. Antropológicamente, invita a repensar resistencia en era digital: ¿puede fiesta subalterna solidificarse contra licuefacción capitalista?​

Conclusión: hacia una antropología crítica de la cultura popular.

El Super Bowl LX revela tensiones entre resistencia y cooptación, donde reggaetón navega anarquismo lúdico, marxismo clasista, industria cultural y liquidez baumaniana. Futuras etnografías deben rastrear impactos en barrios, evaluando si fiesta de pobres sobrevive en la globalización.​

Imagen Elementos elaborada con IA

REFERENCIAS:

Adorno, T. W., & Horkheimer, M. (1947). Dialéctica de la Ilustración. Surkamp.​

Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.​

Graeber, D. (s.f.). Fragmentos de antropología anarquista. ​

Martín-Barbero, J. (1987). De los medios a las mediaciones. Grijalbo.​

Rodríguez Rivera, Á. (2015). Acumulación subalterna: Cultura, clase, raza y reggaetón. En Perspectives on Reggaeton (pp. 26-40).

Abraham, H. (2026, 8 de febrero). Every song at Bad Bunny's NFL Super Bowl 2026 halftime show. Forbes.

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