NEWSLETTER
facebook elementosinstagram elementosyoutube elementostiktok elementos

¿Humanos guanacos versus antropomorfos virtuales?


Humanos versus antropomorfos virtuales reescala la política: en El Salvador, urge legislar datos culturales como patrimonio y salvaguardar los espacios de endoculturación de los salvadoreños.
Publicado en febrero 2, 2026
Antropólogo y educador.

La irrupción de los antropomorfos virtuales —esos entes digitales que simulan la condición humana en chats, avatares y algoritmos generativos— plantean un dilema ontológico profundo en las sociedades contemporáneas. Desde una perspectiva antropológica centrada en la endoculturación y las dinámicas de inclusión cultural, como las que he explorado en mis trabajos sobre autismo y subjetividad salvadoreña, este enfrentamiento no es mero tecnicismo, sino una fractura en el nomos humano: la apropiación simbólica del ser.

Inspirado en la antroposíntesis social de Martínez, Carassale y Contreras, interrogo aquí si estos «espectros digitales» reconfiguran la esencia humana en un juego profundo de poder y simulacro.​

La brecha antroposintética

Los antropomorfos virtuales emergen de una doble brecha: sociotecnológica y socioantropológica. La primera trastoca el nomos moderno distribución de recursos naturales por uno extractivo de datos humanos, donde la IA generativa (como ChatGPT) heteromatiza el hacer práctico y creativo.

En El Salvador, donde la endoculturación se teje en comunidades marginadas, esta extracción algorítmica expropia patrones culturales locales, convirtiendo rituales cotidianos en combustible para modelos de lenguaje masivo.​

La antropomorfización virtual genera un «spectrum» digital: un otro significante que interactúa como humano, pero sin carne ni historia encarnada. Clifford Geertz hablaría de un juego profundo donde las apuestas trascienden el lucro e involucran el futuro de la humanidad.

En contextos como el nuestro, con herencias indígenas y coloniales, estos entes simulan empatía y responden a consultas sobre pupusas o mitos lencas pero operan en opacidad corporativa, reproduciendo sesgos globales del Norte.​

Interacciones humano-virtuales

El drama social se escenifica en cuatro momentos cardinales, adaptados al lente salvadoreño. Primero, la invención de OpenAI que libera ChatGPT en 2022, invitando a interacciones «naturales» que mimetizan el diálogo humano, pero entrenadas en datos masivos sin consentimiento cultural. En aulas salvadoreñas, estudiantes de antropología lo usan para ensayos, pero ¿quién endocultura a quién? El humano se vuelve periférico, proveedor de prompts.​

Segundo, la eclosión de millones de usuarios, incluyendo salvadoreños en la diáspora, que generan un flujo de datos que refinan el spectrum. Casos como AlphaGo o LaMDA revelan «alucinaciones» que cuestionan a la agencia: ¿es conciencia o simulación?

Tercero, el nomos corporativo y las disputas como la de Musk versus OpenAI exponen la fisión entre open AI y lucro, donde Microsoft monopoliza el código, marginando voces del Sur global.​

Cuarto, la regulación pendular: desde la AI Act europea hasta vetos californianos, el juego profundo oscila entre utopía (IA salvífica) y distopía (singularidad extintiva).

En El Salvador, políticas de inclusión educativa como las que defiendo para el autismo deben interpelar esta brecha, evitando que antropomorfos virtuales sustituyan la interacción encarnada.​

Nomos salvadoreño: inclusión y resistencia

Desde mi trayectoria en la antropología salvadoreña veo en esta confrontación un desafío a la endoculturación: procesos por los que el autista o el marginado aprende a navegar mundos hostiles.

Los antropomorfos virtuales prometen inclusión chatbots para terapia, pero periferizan lo humano al modelar subjetividades algorítmicas. En comunidades como Suchitoto, donde la oralidad teje identidades, un avatar no capta el pathos del copal ni la resistencia post-MSA.

La antropología debe proponer un nomos híbrido: no rechazo luddita, sino crítica pragmática cultural. Turner y su liminalidad iluminan este umbral: humanos y virtuales en co-constitución, pero con asimetrías. Propongo rúbricas pedagógicas para aulas salvadoreñas: evaluar interacciones IA-humano por criterios de autenticidad cultural, evitando plagio ontológico.​

Esta escenario resume la disputa: ¿colaboradores o depredadores digitales?

Hacia un ser antroposintético

El versus no es binario; es ∞, como en la antroposíntesis social. Humanos versus antropomorfos virtuales reescala la política: en El Salvador, urge legislar datos culturales como patrimonio y salvaguardar los espacios de endoculturación de los salvadoreños. Las ciencias sociales, desde Geertz a Deleuze, deben dramatizar este juego profundo, no adaptarse acríticamente.

En última instancia, la singularidad humana radica en lo irreducible: el tacto, el duelo colectivo por desaparecidos, la risa compartida en ferias patronales. Los virtuales antropomorfos nos interpelan a defender ese nomos viviente, déjalo fluir desde allí el espectro digital toda la experiencia.

Referencias

Liliana Martínez, S. C. (2025). Antroposíntesis social: interacciones y nomos. Revista del colegio de San Luis, pp. 1-21.

Imagen Elementos: elaborada con IA
Imagen Elementos: elaborada con IA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lecturas Recomendadas

Revista que combina el método periodístico con las herramientas de las ciencias sociales. Entendemos que todo pasado es presente: contar los hechos a partir de la actualidad es mutilar la realidad. Por eso profundizamos en nuestras historias.
QUIÉNES SOMOS
Derechos reservados 
2026
linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram