



La agente de la Policía Nacional Civil (PNC) Carla Mayarí Ayala Palacios fue desaparecida de la colonia San Fernando, en San Salvador, el 28 de diciembre de 2017 y su cadáver fue encontrado 253 días después enterrado en el caserío Los Ríos, cantón Los Hornos, San Francisco Javier, Usulután.
Ella se desempeñaba en la Unidad de Investigación Disciplinaria Central de la PNC. Él ya tenía antecedentes por andar en caminos turbios.
Desde el primer minuto, las investigaciones de este caso estuvieron plagadas de irregularidades y de evidentes complicidades con el entonces principal sospechoso que el 4 de junio de 2024 fue condenado por el feminicidio agravado de su compañera y que, sin embargo, hasta este día permanece prófugo de la justicia: Juan Josué Castillo Arévalo, alias Samurái.
En este reportaje Revista Elementos reconstruye brevemente la noche de la desaparición y asesinato de Ayala Palacios y esboza, con información hasta ahora oculta al público, un breve perfil del exmiembro del Grupo de Reacción Policial (GRP), quien tenía una doble vida: a la luz del día se presentaba como un recto policía empecinado en enfrentar a los pandilleros que aterrorizaban a la ciudadanía indefensa, mientras que en privado era un sicario nacido en una familia de sicarios y que supuestamente logró vincularse con el crimen organizado en México.
«Están conmigo. ¿O qué ondas?»
En la sede del GRP la fiesta había terminado. Julio César Flores Castro, en aquel entonces jefe del GRP, ordenó a las once y 35 de la noche, a los agentes Ovidio Antonio Pacheco Morales y Wilfredo Deras Hernández, transportar a su compañera Carla Ayala a su casa en la urbanización Santa Teresa de Las Flores, ubicada en Apopa, San Salvador.
A la fiesta fueron invitados y asistieron jefes y policías de todas las unidades institucionales, entre ellas dos policías mujeres; una de ellas fue Ayala, según un informe interno de la PNC al que Revista Elementos tuvo acceso.
En el asiento trasero de la patrulla 01-2924 se sentó Ayala Palacios y alias Samurái.
De acuerdo con los relatos de Deras Hernández y Pacheco Morales, cerca del semáforo ubicado en la colonia La Gloria, a unos seis kilómetros de distancia, escucharon un disparo. «Puta, tigre, se le fue un disparo», reaccionó el primero.
Samurái les respondió: «Es que esta perra puta» y los increpó: “Están conmigo. ¿O qué ondas?”
Continuaron en marcha como si nada hubiera pasado. Según ellos no escucharon quejas de dolor ni nada que les alertara que ella había sido herida de bala. Sin embargo, decidieron regresar a la sede del GRP, el piloto y el copiloto bajaron dejando el vehículo encendido y entraron a la oficina del subjefe, Pablo Antonio Estrada Villalobos, para avisarle lo que había ocurrido.
El inspector «se dirigió al lugar donde se encontraba la patrulla, pero al llegar observó que el agente Castillo Arévalo iba conduciendo la patrulla policial, gritándole a dicho agente que para dónde iba y que estacionara el vehículo policial, a lo que el agente mencionado le manifestó que iba ir a estacionar la patrulla adelante, sin embargo, aceleró dicho vehículo y se dio a la fuga, dándose el caso que el inspector Estrada Villalobos ordenó que se le diera persecución al agente Castillo Arévalo», puede leerse en el documento policial.
Transcurrido el tiempo, Samurái llamó a uno de sus compañeros para decirle que estaba en el Oriente del país y anunciarle que «a esa puta la había tirado y que había quemado la evidencia». Le pidió, además, que no fuera a decir a nadie que se había llevado la patrulla, no obstante, ya era algo conocido.
Como respuesta, el agente le sugirió que llegara a dejar el vehículo ya que «cuando amaneciera iba a ser peor».
Entonces, Estrada Villalobos ordenó montar un operativo para capturarlo. Los policías designados fueron Carlos Humberto Ventura Martínez, Salvador Enrique Chávez, José Atilio Martínez-Martínez, Alex Obdulio López Martínez, Juan Antonio Linares Flores y José Antonio Pérez Pineda. Pero no lo hicieron. El reporte interno señala que ninguno informó cuando el prófugo regresó a estacionar la patrulla a un costado de la calle principal.
«El sargento Ventura Martínez no verificó que estuvieran los agentes misionados en la comandancia de guardia para realizar la captura del agente prófugo, y al momento que dicho agente prófugo llegó, el sargento se encontraba frente al parqueo principal, y cuando vio al agente Castillo Arévalo, en lugar de proceder a la detención con el personal comisionado para tal efecto, decidió ir a informar al Inspector Pablo Antonio Estrada Villalobos la presencia del agente Castillo Arévalo», puede leerse.
Estrada Villalobos salió y lo alcanzó. Forcejearon. Pero el prófugo huyó en un vehículo que lo esperaba estacionado con el motor encendido.
La agente de la PNC, sin embargo, no era la primera víctima de Samurái.
El hermano de Samurái huyó a Estados Unidos
Juan José Castillo y María Blanca Lilian Arévalo procrearon tres hijos varones: Joel Isaac, nacido en 1980; Juan Josué, en 1987; y José Onán, al año siguiente. Los dos últimos ingresaron a la PNC, específicamente al GRP, donde fueron conocidos por sus indicativos: Samurái y Gringo, respectivamente.


Antes del feminicidio de Ayala Palacios sus nombres no eran conocidos a nivel nacional, pero sí en el Oriente salvadoreño donde, desde 2015, eran reputados sicarios de un escuadrón de la muerte que se dedicaba al asesinato de pandilleros y de personas que no estaban relacionadas con esas organizaciones terroristas. Sus crímenes los perpetraban, principalmente, en San Agustín, Jiquilisco, San Francisco Javier, Concepción Batres, Berlín y Chinameca, distritos ubicados en los departamentos de Usulután y San Miguel.
Estas son algunas de sus víctimas: Porfirio de Jesús Godoy Segovia, los hermanos Calixto Alcides, René Eleuterio y José Isaac Martínez Romero, Carlos David Claros Godoy, Juan Pablo Sánchez García, Fernando de Jesús Romero, Raúl Humberto Renderos, Kevin Neftalí Bolaños Urquilla, Mauricio Antonio Meléndez Quintanilla, Alexander Eduardo Hernández Zúñiga, Ronaldo Eliseo Bonilla Coreas, Wilber Antonio Márquez Perdomo, José Elías Gaytán Mercado, Santos Noemi Flores Argueta, Juana Francisca Ramírez, Ismael Eliazar Ramírez Martínez, María Isabel Muñoz Flores, Ricardo Antonio Leiva Benítez, Jonathan Alexander Martínez Solís, José María Leiva Benítez y Wilberto Nicolás Arévalo Romero, de acuerdo con documentos judiciales a los que se ha tenido acceso.
En la PNC la reputación de los hermanos Castillo Arévalo, como los de otros doce policías, era que no les amagaban a los pandilleros, pero que también mataban por encargo a personas no relacionadas con las pandillas.
Y, posiblemente temiendo que el feminicidio y la desaparición de Ayala Palacios lo afectara, el Gringo no lo pensó dos veces: ese 29 de diciembre de 2017 huyó de El Salvador con su hijo de seis años rumbo a Estados Unidos.
Según documentos oficiales estadounidenses, el Gringo llegó a la frontera sur el 30 de diciembre; en menos de 48 horas ya había cruzado, de forma irregular, al país norteamericano.
Informes de agentes de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) señalan que fue encontrado en la ciudad de Roma, Texas, localidad vecina de Miguel Alemán, ubicada en el Estado de Tamaulipas, México.
Cuando fue confrontado por los agentes, el ahora expolicía les aseguró que había sido desplazado por las pandillas.
En ese momento ni él ni su hermano tenían vigentes órdenes de captura. Por eso nunca fue recluido en un centro de detención de migrantes, más bien pudo seguir su solicitud en libertad y proporcionó como su dirección Lee Lane, Murrieta, California donde dijo que viviría con Leopoldo Portillo Machuca. Casi un mes después las autoridades estadounidenses lo contactaron en ese lugar para explicarle los pasos para inscribir a su hijo en una escuela de la comunidad.
Aparentemente, en esa dirección residió hasta marzo o abril de 2021.

En julio de 2021 debió presentarse a cortes para continuar con su proceso migratorio, pero no lo hizo, de acuerdo con un informe enviado por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) a la Fiscalía General de la República (FGR) de El Salvador.
A principios de octubre de 2025 en redes sociales fue divulgado el rumor de que Samurái había sido arrestado en California conduciendo ebrio. Pero, al buscar en los sitios oficiales, ni su nombre ni el de su hermano están. Al menos no en custodia por el ICE.
El sitio en línea Offendingwarnig.com publicó una fotografía del Gringo con una ficha en la que describe que es buscado en El Salvador por haber cometido los delitos de homicidio agravado, homicidio en grado de tentativa y agrupaciones ilícitas.
A finales de junio de 2023, la Fiscalía publicó que Juan José Castillo y Joel Isaac, padre y hermano de Samurái, respectivamente, fueron condenados a seis años de cárcel por los delitos de agrupaciones ilícitas y encubrimiento en casos de homicidio.
En este mismo proceso, el Gringo es acusado de ejecutar a un sujeto a quien se le conocía solo con el apodo de Chacalín y a otra persona identificada como Wilberto Nicolás Arévalo Romero.

