enero 5, 2026
Una de las pruebas más claras de la mano blanda con la que el Gobierno trata a algunos de los cabecillas pandilleros es que uno de ellos, prófugo durante mucho tiempo y con gran capacidad de influir, una vez detenido no fue enviado a una prisión de máxima seguridad. Es más: ni siquiera fue enviado al área de máxima seguridad del Complejo Penitenciario de Izalco.