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Cantando la guerra civil salvadoreña


Hemos realizado grabaciones de cientos de estas canciones que se preservarán en un archivo digital en línea. En los talleres de memoria histórica también grabamos recuerdos de la actividad musical durante la guerra para comprender el papel importante que desempeñaron los músicos.
Publicado en mayo 12, 2025

Con el río Lempa fluyendo pacíficamente a sus espaldas, dos mujeres, acompañadas por un hombre tocando guitarra, cantan una canción de conmemoración, «El 17 de Marzo». Esta canción fue escrita por un músico campesino salvadoreño Norberto «Don Tito» Amaya. La canción documenta de manera conmovedora la Masacre del Río Lempa, el evento por el cual se han reunido a conmemorar.

Hoy, 17 de marzo de 2025, el río está pacho, como se espera en la época del verano, y unas cuantas docenas de miembros de la comunidad se reúnen a lo largo del empinado sendero sobre el lugar de la masacre para escuchar. A través de esta poderosa canción, recuerdan juntos el evento ocurrido 44 años antes que devastó su comunidad.

Un compositor en tiempos de guerra

Amaya fue uno de los presentes en el río Lempa el 17 de marzo de 1981. Recientemente formado como catequista, Don Tito ayudó a guiar a cientos de personas de la comunidad de Santa Marta hacia el río, después de una masacre particularmente brutal en un pueblo cercano. Querían llegar a Honduras ese día, justo al otro lado del río, y a la relativa seguridad del campamento de refugiados de las Naciones Unidas en La Virtud. Pero el ejército de su propio país tenía otros planes.

Foto del sitio de la masacre

Días antes, los soldados salvadoreños abrieron deliberadamente la represa 5 de noviembre,  provocando el desbordamiento del río. Varios de los civiles fueron arrastrados por las aguas del río y perecieron ahogados. Todos trabajaron juntos para ayudar a personas de todas las edades a cruzar el agua caudalosa y profunda. De repente, sonaron disparos por todo el valle.

Al menos doscientos civiles murieron ese día, asesinados por soldados a ambos lados del río y por los ataques lanzados desde los helicópteros proporcionados por el gobierno de los Estados Unidos.

Este fue solo uno de los 22,000 «actos graves de violencia» que ocurrieron durante la guerra civil (1980-92), según el informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas para El Salvador en 1993. La gran mayoría fueron atribuidos al estado salvadoreño.

Amaya, un campesino, nunca había creado música antes de ese terrible día. Sin embargo, apenas unos días después, escribió la letra de su primera canción, también llamada «El 17 de Marzo». Esta sería la primera de varias canciones sobre esta y otras masacres de la guerra civil. (Su otra canción con el mismo título, que fue interpretada en la conmemoración de 2025, fue escrita después.)

Aquí lo tenemos, escuchando una grabación de esa primera canción de guerra en un documental que hicimos en 2018.

Conocido como Don Tito, Amaya interpretó sus canciones revolucionarias junto a otros músicos para los refugiados en los campamentos hondureños de La Virtud y, más tarde, Mesa Grande. Estas canciones documentaron su experiencia y la de otras personas durante la guerra, pero también proporcionaban a los refugiados herramientas para sobrellevar lo que les estaba sucediendo.

En la conmemoración de la Masacre del Río Lempa de 2025, los organizadores recordaron cómo sus letras «relataron esos momentos duros por lo que estaba viviendo nuestra gente, nuestro pueblo de manera puntual».

Como parte del proyecto Memoria Histórica Sobreviviente en El Salvador de la Posguerra, hemos estado trabajando para documentar y analizar la tradición de la «canción revolucionaria» de la guerra civil del país. La música jugó un papel importante en el conflicto y muchas canciones populares fueron escritas sobre él durante este período, tanto dentro como fuera del país.

Hemos realizado grabaciones de cientos de estas canciones que se preservarán en un archivo digital en línea. En los talleres de memoria histórica también grabamos recuerdos de la actividad musical durante la guerra para comprender el papel importante que desempeñaron músicos como Don Tito.

Nuestra investigación ha encontrado que la música fluye a través de los recuerdos de la guerra como los ríos que contornean el paisaje salvadoreño. La canción es una presencia continua y reconfortante, una fuente de sustento. Es un espacio al que se puede regresar al navegar por los recuerdos difíciles del pasado.

Documentando y Procesando la Guerra a través de la Canción

Las canciones revolucionarias de la guerra civil salvadoreña cumplen funciones tanto políticas como psicológicas simultáneamente, como demostramos en un artículo académico más extenso sobre la música de Don Tito. Los compositores eran tanto documentales como activistas, creando canciones que alentaban la resistencia política. Pero su música también conectaba a los salvadoreños y a las salvadoreñas con su identidad y su fe, ayudando a los oyentes a lidiar mejor con lo que les estaba sucediendo.

De muchas maneras, esta música es una fuente primaria—tan poderosa como una fotografía o un artículo de periódico para documentar eventos específicos, especialmente aquellos que fueron negados por el gobierno. Las dos canciones de Don Tito sobre la Masacre del Lempa, por ejemplo, proporcionan evidencia de primera mano de una atrocidad de derechos humanos.

Otras canciones describían (y protestaban) las condiciones de vida en los campamentos de la ONU, alentando a aquellos que escuchaban las canciones, ya fueran nacionales o personas xtranjeras, a intervenir.

Estas letras de protesta a menudo se adaptaban a melodías populares o folclóricas preexistentes. Las melodías familiares hacían que el mensaje de resistencia fuera más accesible para los oyentes salvadoreños.

Al mismo tiempo, las referencias bíblicas permitían a los campesinos y campesinas darle sentido a lo que les estaba sucediendo.

Cuando bajaron al Lempa,

aquella gran población,

le iban siguiendo los pasos.

 Herodes y el Faraón.

Estas palabras de la primera canción de Don Tito comparan a los muertos en la masacre del río Lempa con Jesús y Moisés. Esto los marcaba como el pueblo de Dios, escapando de la persecución de líderes malvados, ayudando a los oyentes a entender la masacre como un ataque injustificado contra personas inocentes que temían a Dios.

Las canciones sobre las masacres también ayudaron a abordar el trauma de los sobrevivientes. Al describir vívidamente los eventos más horribles de la guerra, los compositores hicieron imposible que los sobrevivientes olvidaran lo que había sucedido.

Una respuesta común a los traumas impensables (y especialmente a los que han sido oficialmente negados, como éste) es que la mente reprime el recuerdo. La represión psicológica también puede ocurrir a nivel comunitario. Pero compositores como Don Tito ayudaron a garantizar que estos traumas fueran recordados y, por lo tanto, procesados por la comunidad y la nación.

Mantener vivo el evento traumático de esta manera nos lleva nuevamente a la búsqueda política de justicia. Muchas de las canciones de Don Tito son incluso más explícitas que ésta en su demanda de reparación por los crímenes de guerra, con el arzobispo asesinado (ahora Santo) Óscar Romero, frecuentemente mencionado como un modelo que brindó lecciones sobre la resistencia a la opresión.

Fomentar la resistencia y la resiliencia simultáneamente a través de las canciones es una característica notable de la música revolucionaria salvadoreña. Sin embargo, la «lucha» salvadoreña siempre fue tanto psicológica como política.

La canción revolucionaria salvadoreña no es la única tradición con esta capacidad dual. Las muchas tradiciones musicales de la música afroamericana, por ejemplo, también proporcionaron a los oyentes herramientas para sobrevivir emocionalmente mientras exigían justicia. La música está excepcionalmente bien equipada para servir a estas capacidades simultáneamente.

Un Espacio para la Alegría

A pesar de la difícil temática de estas canciones, la alegría que crea la música nunca estaba lejos cuando se interpretaban. Tanto en ese entonces como ahora, los campesinos y campesinas bailan al son de las canciones revolucionarias, incluso aquellas que describen masacres de la guerra. La música siempre es una forma de levantar el ánimo, incluso cuando se emplea para otros fines importantes. «Es como la comida», nos dijo Don Tito. «La canción alimenta».

Muchas de las canciones más populares de Don Tito incluso usaron el humor para describir los eventos de la guerra. «El Golazo» imagina el conflicto como un partido de fútbol entre las guerrillas y el ejército, uno en el que el ejército es finalmente derrotado. Esta canción ganó un concurso de Radio Farabundo Martí. Las emociones positivas que la música crea fueron tan esenciales para la supervivencia mental como lo fue proporcionar un espacio para procesar la memoria.

Hoy en día, las canciones revolucionarias siguen siendo utilizadas con frecuencia por comunidades y organizaciones de sobrevivientes para documentar y recordar la guerra, así como para educar a las nuevas generaciones. Juntas, constituyen una parte importante de la historia salvadoreña, y un fascinante ejemplo de los muchos roles que la música desempeña en la vida humana.

*Este artículo se basa en un artículo más extenso publicado en inglés en The Journal of the American Musicological Society. Esta investigación también resultó en un documental de Triana Media, Norberto Amaya: Songwriter. Norberto Amaya falleció en 2022. Agradecemos a su familia por permitirnos compartir sus canciones.

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