Dos millones de palestinos están muriendo en Gaza, la ciudad arrasada y sitiada por el ejército israelí desde hace veinte meses. Los que no son asesinados por las balas y las bombas de la armada sionista mueren de hambre, sed y falta de medicinas, debido a los permanentes bloqueos al ingreso de la ayuda humanitaria al sufrido enclave palestino.
A estas alturas, la masacre de más de 50,000 gazatíes perpetrada por el gobierno israelí poco o nada tiene que ver con represalias por los ataques del grupo extremista palestino Hamás (financiado por Israel) del 7 de octubre de 2023, donde murieron unos 1,200 judíos. Se trata de un genocidio cuyo objetivo es exterminar al pueblo de Palestina y adueñarse de todas sus tierras.
La crisis humanitaria se agravó desde el pasado 2 de marzo, cuando las autoridades sionistas cerraron los últimos accesos a la ciudad en ruinas y el bloqueo fue total. La situación es tan grave, que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y gobiernos como el de España han llamado la atención mundial sobre las terribles consecuencias de la inevitable hambruna.
El Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, también ha denunciado que quienes se arriesgan a salir a buscar comida están siendo asesinados. La ONU informó que el martes 2 de junio decenas de personas murieron cuando intentaban acceder a cantidades ínfimas de alimentos en centros de distribución de ayuda.
El cruel bloqueo israelí en Gaza hace recordar al atroz asedio de Leningrado, una de las acciones más brutales de la Alemania nazi durante la segunda guerra mundial (1939-1945). La Wehrmacht (fuerzas armadas de Adolf Hitler) y sus aliados finlandeses hicieron morir de hambre y de enfermedades a más de un millón de personas en la actual ciudad rusa de San Petersburgo.
Al no poder tomar rápidamente la ciudad, debido a la férrea resistencia de las tropas soviéticas, el criminal mariscal nazi Wilhelm Ritter von Leeb ordenó bloquear todos sus accesos el 8 de septiembre de 1941, para que murieran de hambre los pobladores y los soldados que defendían la urbe. Durante 872 días murieron 1.2 millones de personas.
La aniquilación de la población de Leningrado no llegó a ser total porque, al congelarse el lago de Ládoga durante un fuerte invierno, los militares y civiles sitiados lograron abrir un camino para ingresar algo de ayuda a la ciudad. También porque las fuerzas soviéticas lograron romper el cerco y establecer un estrecho corredor terrestre para pasar comida, medicinas, combustible y otros insumos básicos.
El final del cruel asedio llegó el 27 de enero de 1944 tras la liberación de la ciudad por el envalentonado ejército rojo que había derrotado a las fuerzas armadas hitlerianas y a sus tropas aliadas en las más grandes batallas libradas en el territorio de la extinta Unión Soviética: Moscú (abril de 1942), Stalingrado (febrero de 1943) y Kursk en agosto de ese mismo año.
Durante el sitio de San Petersburgo murieron miles de judíos rusos y de otras nacionalidades soviéticas. Mas de 80 años después, las hordas sionistas de Benjamín Netanyahu repiten la historia de sus ancestros contra el pueblo palestino, impidiendo la entrada de alimentos y otros insumos vitales para sobrevivencia humana. Es el asedio de Leningrado en Gaza.
El sitio de Leningrado se daba mientras la mayor parte de la humanidad desconocía detalles de lo que ahí ocurría y mientras las fuerzas aliadas se ocupaban de repeler a los nazis: los soviéticos en el frente oriental y británicos, franceses y estadounidenses en Europa, norte de África y sudeste asiático. Sin embargo, el asedio de Gaza ahora sucede frente a la mirada omisa y cómplice de todo el mundo.
Estados Unidos apoya y financia el genocidio, y en Europa ningún otro gobierno respalda la propuesta del presidente español Pedro Sánchez de detener el envío de armas a Israel. En el resto del mundo, uno de los gobernantes que guarda silencio es Nayib Bukele: a pesar de descender de palestinos (una vez dijo que su abuelo nació en Belén), el dictador salvadoreño se muestra afín al sionismo israelí.
Ojalá que la humanidad reaccione para detener el genocidio en Gaza, denunciando y presionando a sus gobiernos para que éstos -a su vez- exijan al Estado de Israel parar la masacre. Hoy más que nunca, la apuesta de dos Estados, donde palestinos y judíos convivan en paz, es urgente. Es vergonzosamente inhumano permanecer indiferentes e indolentes ante el sufrimiento palestino.
*Periodista y activista social.
