Revista Elementos reportó la semana pasada la presencia de militares y de maquinaria pesada del Ministerio de Obras Públicas (MOP) en el cerro San Sebastián, departamento de La Unión. Entre los equipos custodiados por un grupo de soldados hay palas excavadoras, una motoniveladora, una compactadora de suelo y una cargadora. La información había sido revelada por la revista MalaYerba y también confirmada por el medio digital Focos T.V.
Ninguno de los tres medios pudo confirmar para qué están esas máquinas en el lugar. Sin embargo, detallan que éstas se encuentran específicamente en la entrada de uno de los túneles de la antigua mina de oro que la estadounidense Commerce Group Corporation dejó abandonada en marzo de 2011, tras fracasar en su intento de demandar al Estado salvadoreño en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias sobre Inversiones (CIADI).
Esto hace pensar que tal situación está relacionada con la reactivación de la minería impulsada por el gobierno de Nayib Bukele, luego que los diputados oficialistas aprobaron hace dos meses la Ley General de Minería Metálica que revirtió la prohibición de dicha industria extractiva. En este sentido, es probable que la intención sea “entrar por el flanco más débil”, es decir, por el lugar donde la resistencia comunitaria es nula o menor a la que existe en Cabañas o Chalatenango.
En noviembre de 2021, Bukele anunció la construcción de la Bitcoin City, en el distrito de Conchagua, de La Unión Sur. Aquella ciudad futurista funcionaría con energía renovable extraída del volcán cercano, generaría cero contaminación y sería un proyecto emblemático del desarrollo tecnológico y la utopía digital que, junto al Bitcoin como “moneda de curso legal”, modernizaría a El Salvador y lo convertiría en el “Singapur de Centroamérica”.
Los fondos para la construcción del vanguardista complejo criptoactivo se obtendrían mediante la venta de los “Bonos Volcán” que el gobierno salvadoreño colocaría en el mercado financiero nacional e internacional. Con la emisión de dichos bonos, el país también podría prescindir de organismos financieros multilaterales, especialmente del Fondo Monetario Internacional (FMI) que se negaba a otorgar un préstamo de 1,400 millones de dólares.
Tres años después la “criptofantasía” de Bukele se ha esfumado. A finales de enero de este año, la bancada cian y sus aliados aprobaron reformas sustantivas a la Ley de Bitcoin, las cuales eliminan su carácter de “moneda de curso legal”, la obligatoriedad de su uso y la posibilidad de pagar impuestos en Bitcoin. Por tanto, las reformas -en la práctica- constituyen una derogación de la otrora ley futurista y vanguardista de la ilusión criptomonedera del bukelato.
Las referidas reformas se realizaron precisamente para cumplir con las condiciones para el desembolso del postergado préstamo del FMI, por lo que -para cumplir con dichos requerimientos- el gobierno también eliminó su billetera digital Chivo Wallet. Esto es, sin dudas, el ocaso del sueño bitcoiner que ofrecía inclusión financiera, atracción de inversiones y desarrollo tecnológico. Es también el fin de los “Bonos Volcán” y la Bitcoin City.
El Salvador ya no será el “Singapur de Centroamérica”, ni la China o el Taiwán, ni la Malasia, ni el Japón, ni la Corea del Sur de la región centroamericana. Los propios bitcoiners, antes entusiastas con la fantasía criptomonedera bukelista, ahora resienten que el autócrata ni siquiera les haya informado formalmente de la reversión de la normativa y advierten que el país ya no es diferente a cualquier otro que permite el uso de las criptomonedas.
Ahora, en vez de la Bitcoin City, Bukele podría reactivar la mina San Sebastián. De ofrecer proyectos de vanguardia y ambientalmente sustentables, su gobierno pasó a impulsar la más nociva de las industrias extractivas que amenaza gravemente el agua, la salud y la vida. En vez de desarrollo tecnológico, La Unión tendría mayor contaminación si se retoman antiguos proyectos mineros como el que arruinó para siempre al Río San Sebastián con drenaje de metales pesados.
Esta paradoja de la fallida Bitcoin City en Conchagua y la reactivación de la mina de oro en San Sebastián, también se compara con la contradicción entre las demagógicas promesas de democracia y el autoritarismo dictatorial que resultó después o las falsas propuestas de transparencia y la corrupción que hoy impera. Bukele ofreció cosas buenas, bonitas y novedosas; pero terminó haciendo otras muy malas, feas y retrógradas.
Algunas de estas cosas son tan terribles que ni siquiera “los mismos de siempre” se atrevieron a hacerlas, Bukele sí. De todas éstas, la explotación minera metálica es la más terrible y tenebrosa.

Era mejor cuando pensaba como BITCOINER, que como minero de oro. Pero hay algo peor que la minería de oro....el ser el carcelero de Trump.