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Desde Comala Siempre...

El sismo prenatal de lo salvadoreño


Al aspirar por lo homogéneo, la nación "encarna la supervivencia" imaginaria del pasado difunto, su deseo de "repetición", mientras revive lo "fósil" inventado.  Si esta regresión llamada democracia repite el retorno nostálgico hacia los comienzos, se trata de un problema a debatir. 
Publicado en octubre 27, 2025
Professor Emeritus. New Mexico Tech rafael.laramartinez@nmt.edu Desde Comala siempre…

Creación y nacimiento mítico según Patrick Saurin

Tlacuel, tal xihuallauh; nonan chalchiuhe, (o) chalchiuhtli ycue, chalchiutli ihuipil, xoxouhqui ycue, xixouhqui ihuipil, iztaccihuatl: tla toconotilican in icnopiltzintli, àço oquicauh ytotaltzin.
Ve, ven, mi preciosa madre, la de la falda de jade, la de la blusa de jade, la de la falda verde, la de la blusa verde.  Dígna(te) a hacernos ver si el tonalli (alma) dejó al niñito (la reciente nación).
...ticqualtiliz, tiyectliz in yollotzin, tzontecomatl.
...debes restablecer, debes restaurar, el corazón (tu filiación (philos), la cabeza (tu pensamiento).

Resumen / Abstract

0. Recepción otoñal
I. El problema primavera
II: Vida mítica intrauterina
III.  Epílogo : regresión historiográfica

Resumen: "El sismo prenatal de lo salvadoreño. Creación y nacimiento mítico según Patrick Saurin" estudia el libro del autor "México Antiguo y Psicoanálisis" (2025).  El investigador establece un paralelismo de los mitos de creación mexica y quiché con la vida intrauterina.  Los ocho conceptos que definen la correspondencia Tierra-creación = Humano-nacimiento son los siguientes: la totalidad, el agua y el lenguaje performativo creador de las cosas, la oscuridad, el silencio, la ausencia de peso, la boca, los ritmos y la concepción.  La búsqueda actual de una nacionalidad homogénea transforma la historiografía en el deseo de restaurar una vida embrionaria sin distinción.  Bajo una perspectiva personal, este estudio detalla la recepción otoñal del libro —en su azar objetivo— su contraparte, descriptiva novedosa, y luego indaga el octágono nocional que rige el enlace mítico entre la creación y el nacimiento.  El epílogo concluye afirmando el anhelo nacionalista por restaurar la homogeneidad intrauterina ficticia, sin admitir la diferencia historiográfica: una nación uniforme de natio, nacer.  Esta falta de diálogo con la Matria causa un "sismo corporal" semejante al "parto fallido" de la "independencia literaria".

Abstract: "The Salvadoran Prenatal Seism.  Creation and Mythical Birth according to Patrick Saurin" studies the author's book "Ancient Mexico and Psychoanalysis" (2025).  He establishes a parallelism of Mexica and Quiche myth of creation with intrauterine life.  The eight concepts that define the correspondence Earth-creation = Human-birth are the following: totality, water and performative language creating things, darkness, silence, lack of weigh, mouth, rhythms, and conception.  The current search for a homogenous nationality transforms historiography into the desire to restore an embryonic life without distinction.  From a personal perspective, this study depicts the book's autumnal reception —in its objective chance— its novel descriptive counterpart, and then examines the notional octagon that governs the mythical connection between creation and birth.  The epilogue concludes by affirming the nationalist desire to restore a fictitious intrauterine homogeneity, without admitting historiographical difference: a uniform nation from natio, to be born.  This lack of dialogue with Motherland causes a "bodily seism" like a "fake childbirth" named "literary independence".

0. Recepción otoñal

El libro "Ancien Mexique et psychanalysis (México antiguo y psicoanálisis)" de Patrick Saurin llega a mis manos, mientras las hojas coloridas del otoño aún no se precipitan a abonar las raíces.[1]  El follaje se obstina en ofrecer un autorretrato colorido, junto al trasfondo del lienzo celeste y el verdor del pasto, contiguo al sendero.  Este azar del encuentro temporal no resulta arbitrario.  Del futuro entierro de la hojarasca reseca, en el medio año, brotarán las flores y luego germinará el fruto del renuevo.  El principio y el fin se enlazan en un vaivén interminable.  Imitan el día y la noche, la vida y la muerte en su ciclo perenne y, siempre, las cero horas de las tinieblas preceden la luz.

No en vano, la temática central del libro refiere el mito de creación —en su ambigüedad conceptual— y la muerte, una experiencia desconocida para la persona que habla de ella.  A quién confirme el mito como un relato falso, Saurin le contrapone el olvido de los umbrales que presupone esa idea de lo imaginario.  Se juzgue pura fantasía, el mito relata el origen, los comienzos, el principio y el sustrato que se oculta tras la oscuridad de toda narrativa; las tinieblas se alzan tras la vida misma.

El libro se enfoca en analizar los mitos de creación según "La Histoyre du Mechique ("La Historia de México", siglo XVI) y el "Popol Vuh" (siglo XVI) de los quiché.  A ambas mito-poéticas del origen, se añade el relato de "la huida de Motecuhzoma", después de la conquista de Mexico-Tenochtitlan (relato del siglo XVI-XVII).  Por su regresión, plantea un proceso inverso al hablar del descalabro final del imperio mexica luego de la conquista.  Se trate de una ficción, no invalida que su secuencia —en reversa al nacimiento— prosiga el transcurso de la vida hacia la muerte, el sendero del sol poniente o, si se prefiere, semeja "el ciclo vegetal" del retoño a lo marchito, viceversa.  Así, ambos capítulos se desdoblan y complementa de igual manera que el día nace guiado por Venus-Huey Citlalin y muere en manos de Venus-Xolotl.

El siguiente comentario se concentra en exponer el análisis inédito de Saurin.  El autor describe la manera en que existe un paralelismo singular entre los mitos de creación y la maternología, la neonatología.  Los primeros relatos legendarios narran el origen del mundo; los segundos estudios, el comienzo de la vida en el ser humano durante la vivencia intrauterina del feto.  En cuanto origen y sustrato, el mito remite a una etapa previa de la historia como suceso y de su escritura en palabras.  De esa etapa sólo permanece un "pictograma sin palabras", impresa en una imagen corporal indeleble.  Su principio —fundacional y normativo— repercute siempre en todo acontecimiento posterior.

El rojizo (chichiltic) no sólo evoca el color del chile (chilli), sino "la cosa color de sangre".

I. El problema primaveral

Sean los mitos mexica y quiché o el génesis bíblico, los relatos inician con las mismas huellas (in)visibles de la vida intrauterina.  Por ello, la búsqueda del origen denota un "traumatismo" y una "regresión", religiosa (Génesis) o científica (Big-Bang).  Dada su temporalidad pre-histórica, se sitúa en un espacio anterior al surgimiento del ser humano.  La separación tajante no significa que desaparezca la "totalidad de lo vivido, inscrito en el cuerpo".   De este conjunto, a menudo, sólo se recuerda el ombligo ("xictli, parte del cuerpo desdeñada").[2]  Al centro de "mê=xic-tli, el ombligo de la luna", guiaría "la costumbre que tienen las hembras".[3]  Su arraigo en la cueva (oztôc) de los orígenes la des-encubre mêtzuia —"menstruar, estar con su camisa, cruzar la pierna con otra persona", acaso "lunear"— de mêtztli, Luna.[4]  Pese al olvido, en el medio permanece tatuado el nombre de la madre (nantzin).  Este vestigio de la "vida intrauterina no debe ocultar la placenta (cihua(tla)iyelli, de "iyelli, el pedo/viento"; tlahellotl, envoltura del feto), cuya remoción inaugura la vida que ol-vida sus principios natales "impensables".[5]

Sin embargo, al amputarlo, no se disuelven las "sensaciones" que anteceden la palabra (Logos).  Previo a toda razón,  lo "impensable" expresa los "afectos arcaicos" transcritos en los mitos, en la emociones "prenatales".  En el encierro cavernoso, las tinieblas anuncian la "inscripción psíquica" que rige la vida humana a escondidas.  Aunque la historia científica lo niegue —en nombre del "ser humano racional"— los "estímulos sensitivo-sensoriales" no se esfuman, sino permanecen invisibles hasta motivar la investigación lógica.

Tras el reglamento de lo objetivo, se cierne la actividad pre-natal que Saurin describe bajo ocho rubros entrelazados.  En verdad, no resulta arbitrario que los comienzos más célebres instituyan el "vacío", las "tinieblas" y las "aguas" primordiales como despegue del embrión universal.[6]  El octágono nocional se desglosa de la siguiente manera: totalidad, agua junto al poder creador de la palabra, oscuridad, silencio, boca, ritmos, concepción.  En seguida se comenta cada uno de esos conceptos los cuales enlazan la vida intrauterina a los mitos de creación del mundo.  Aunque este ensayo no comenta la regresión de Motecuhzoma —tarea pendiente para quiénes lean el libro— intuye que el ideal nacionalista monolingüe anhela restituir ese giro del retorno hacia la homogeneidad totalitaria de la vida intrauterina.  La variedad de perspectivas (5(x)20/cinco.veintes ≠ 100/cien) pervive en el líquido amniótico mudo de la in-diferencia, lo cual provoca un "sismo prenatal" en el caso salvadoreño, una nación que niega la sabiduría (sophos) ancestral de los idiomas maternos.

II. Vida mítica intrauterina

La totalidad (1) proviene del vacío y de la nada absoluta que la domina.  Bajo las tinieblas, además del mundo amorfo, se expande lo uniforme.  La falta de toda diversidad completa la ausencia de forma que —sin límite— expande la in-diferencia hacia el infinito.  En calco del líquido amniótico, las aguas primordiales (2) extienden el "misterio" original de su presencia.  Sólo un desagüe vaticina el brote sólido de la tierra, la del cuerpo humano.  Centroamérica ofrece el ejemplo más evidente durante el Cretáceo temprano.  Surge de los mares y del estallido volcánico, cuya lava ("tle-âtoyatl, fuego-arrollo") rojiza rima con la placenta.

¿A qué semeja la Tierra en la era terciaria o Cenozoico?

Hace 65 millones de años, se constata una extinción masiva de las especies animales y vegetales.  Las hipótesis sobre el origen de esta crisis biológica son múltiples, se invocan dos hechos cataclísmicos mayores: el impacto de un meteorito y el volcanismo intenso. 

Durante el Cenozoico, poco a poco la Tierra adquiere su fisonomía actual.  El nivel de los mares baja y la aparición de puentes (—tal cual Centroamérica, entre el norte y el sur—) entre los diferentes continentes facilita la dispersión de la fauna y de la flora.

El inicio del Cenozoico se caracteriza por un período globalmente caliente (presencia en Borgoña de palmeras, de hipopótamos...(la lectura sabrá la de El Salvador), seguido de un enfriamiento general que va a transformar radicalmente las faunas y las floras.  El fin de esta Era está marcado por importantes variaciones climáticas con la alternancia de período fríos (períodos glaciares) y de períodos temperados (períodos interglaciares). 

Museo de Historia Natural de Dijon, Francia [7]

Si las enseñanzas elementales y universitarias sobre la identidad nacional salvadoreña eluden todo comentario sobre la geología, vulcanología, etc., es porque la formación del terruño no participa en la construcción de un estado soberano sin filiación terrena.[8]

El recuerdo vulcanológico lo transcribe la sinonimia náhuat —pu(u)nia— que identifica "parir, nacer", el nacimiento, con "reventar, brotar", la erupción.[9]  El mundo y el ser humano surgen del cráter primordial que los hospeda, arropados en el calor materno que luego "erupciona".  La desnudez natural y cultural posterior deriva del enfriamiento que ennegrece la lava y del despojo placentario que sufre el recién nacido.

Este brote no germina sin el poder creativo de la palabra (2bis), cuya facultad natural y divina no describe el mundo.  Antes bien, el Verbo (Logos) prescribe su existencia, tal cual la legislación actual: "la asamblea decreta el estado de excepción".  El decreto de la autoridad suprema instaura el Mundo, según "la Biblia" y el "Popol Vuh": "para crear la Tierra, dicen Tierra.  Inmediatamente fue creada".  Los primeros versículos del "Génesis (I.1-26)" establecen el imperativo categórico y el infinitivo —descripción de la acción divina, "dar nombre, llamar, hacer, criar..."— en antecedente de la cartografía narrativa de lo Real.  Desde la perspectiva mito-poética, la lengua (Logos) adquiere una cualidad legislativa —performativa— anterior a la descripción de los hechos que surgen de la "expulsión del agua".  Tal cual lo reitera el "Evangelio según San Juan" (I.1), "en el principio era ya el Verbo (Logos)" el cual antecede los hechos y legisla su existencia, al igual que lo relata el "Popol Vuh", "ellos formulan todas las cosas y las crean, las hicieron ver el día a la luz del lenguaje".

De manera semejante que el "Espíritu de Dios se movía sobre las aguas" (Génesis, I.2), el feto se remoja y nada en la cavidad acuática de su vivienda, mientras "Tlalteotl desciende de los cielos al agua".  Hacia el "tercer mes", las dos concavidades visuales —ante todo la bucal— comienzan a percibir el entorno líquido del hogar, el cráter materno.  La oralidad demarca "el paso del embrión al feto"; la pérdida del agua anuncia el nacimiento.

En tercer lugar, la oscuridad (3) reina en el encierro prenatal.  Ahí, las "tinieblas del mito" invaden casi todo relato de los comienzos.  Sólo persiste la "vida interior" y —se dijo— la visión "fetal" que, desde "lo oculto", predice "la luz" del porvenir.  Acaso los futuros párpados se abren cuales estrellas fulgurantes en la noche del claustro materno.  Ese universo uterino oscuro despliega la "totalidad" de la vida.  La opacidad precede la creación.

Aunque en esa cavidad habite el silencio (4), el sentido del oído inicia la labor de recolectar sonidos.  Prevalecen los murmullos internos, en su latido diario.  El carácter regular se interpretaría como una adorable música repetitiva contemporánea.  Pero lo previsible lo interrumpe la "audición" externa que puede provocar el desconcierto.  De vivir en un entorno social ruidoso y violento, no sorprende que la cultura de guerra se inculque antes que la paz.  Pero este origen formativo debe acallarse.

Tampoco hay pesantez (5) mundana que suscite el temor de lo oscuro.  En cambio, lo sutil y lo liviano resumen la presencia acuática de la nube.  Antes de la "separación" —la circuncisión natal; amputación "inaugural"— el cielo y la tierra se reúnen en el vapor de la nube.  Se llama "ilhuicaatl, agua celeste", quien desciende de los cielos como la divinidad de la tierra, Atlateutl.  Sólo al evacuar la gruta materna, se resiente la pesantez mundana, cuya "teoría de la gravedad (f=m1.m2/r2)" restringe el movimiento.  En ese instante, "la nostalgia del pasado" rige la escritura de la historia, siempre mítica por su anhelo de iluminar el sentimiento del origen con la razón.

Si Chicômoztôc denomina el lugar del origen, también "en el lugar de las siete cuevas" el ser humano establece su domicilio.  Dos hipótesis se entrelazan al hablar de la anatomía.  La primera lo atribuye a la cabeza: ojos (2), oídos (2), fosas nasales (2) y boca (1); la segunda, al cuerpo entero: ojos (1), oídos (2), fosas nasales (3), boca (4), ombligo (5), uretra/vagina (6) y ano (7).  El imaginario visual de esta salida humana al mundo calca "el aparato genital femenino", cuya referencia a las "grutas" replica el útero de la Tierra.   Sea cual fuere la interpretación correcta, en sexto lugar (6), prevalece la boca en su calidad de cavidad emotiva y móvil.  En esta gruta facial se conjugan la afección del beso (tenamiqui, encuentro bucal; en náhuat tenkwa, boca-comer, tenchichina, boca-chupar), el idioma y la nutrición.  Saurin lo percibe como "canibalismo ritual", ya que la boca ingiere líquidos y objetos.  Los incorpora hasta hacerlos suyos —al aplicar la posesión inalienable— desde la alimentación hasta el beso como transferencia de fluidos.  Tal vez lo mismo hace la palabra al recubrir las cosas de sonidos/letras-glifos, a voluntad del hablante hegemónico, bajo una ingestión cultural.  Por su parte, el castellano ofrece un paradigma singular al identificar el radical del saber (knowledge) con el sabor (taste).

En seguida, los ritmos (7) continúan el sendero del silencio (4), al alternar entre "el día y la noche", "el cielo y la tierra", los opuestos complementarios.  Ya se mencionó que el equilibro sonoro interno lo rompe el abrupto ruido inesperado del exterior, ante todo, el del grito y el de la violencia.  La "seguridad" total del origen se quiebra en el llanto.  Si al feto lo concibe la violencia social y doméstica, su salida al mundo jamás actuará en paz.

Por último (8), ocurre la concepción, la cual prosigue un desarrollo constante de la "fecundación" a la "gestación", hasta culminar en el "parto".  La Dualidad divina mexica —Quetzalcóatl y Tezcatlipoca— la completa la Diosa de la Tierra, cuya escisión engendra el cosmos.  Su cuerpo debe dividirse para engendrar la diversidad.  Es posible que la técnica artística del difrasismo calque la Dualidad constitutiva del mundo: "in xochitl in cuicatl, la flor, el canto", el más conocido.  Asimismo, a la dualidad de expresión se añade el contraste con la exigencia de una poética lineal.  Los versos aplican un giro circular —a semejanza de los planetas— ya que circulan alrededor del centro temático solar (véase el epígrafe).  Por último, sea la madre cercenada del recién nacido, viceversa, el niño mutilado de su enlace y ropaje natural, la escisión de la Diosa imita el parto durante la creación del mundo.  Junto a la palabra soberana, esta violencia fundacional provoca que el vacío original se colme de presencias heterogéneas.  En correspondencia adicional entre la Tierra y el cuerpo humano, los movimientos (ollin; olini) constantes de la preñez semejan los sismos, hasta identificar el "aborto" con el terremoto ("tlaolin, tierra-movimiento", "tlaolinia, hacer mover la criatura...preñada; por algún desastre").[10]  Ya se mencionó que Centroamérica "germina, itzmolini" cual "vegetal razonable" de las aguas que se retiran y de la "ebullición, olinia" volcánica, al igual que ese reverdecer del retoño recae por sismos corporales semejantes que expulsan la diferencia.

Sin embargo, ese mismo nacimiento engendra espectros míticos que deambulan sin cese.  En verdad, si la iluminación viviente comienza al nacer, la noche primordial inscribe el testimonio mudo de las ciencias sociales.[11]  Los surcos impalpables de su aguda turbulencia descienden del cutis hacia lo profundo del cuerpo.  Así, se empaña todo discurso racional sobre la identidad, al ignorar el inconsciente (Id) de la memoria en el olvido.  Ni la flor (Anthos) más sublime visualizaría las raíces subterráneas que la nutren, desde la "indistinción original" soterrada.  Acaso esta "razón" del "desmembramiento" creador del mundo —la escisión natal del ser humano— explique dos actos violentos en "La Biblia".  Al fratricidio fundacional de Abel (Génesis, IV.8), el "Nuevo Testamento" agrega la matanza de niños inocentes que le salva la vida al Hijo de Dios (Evangelio según San Mateo, IV.16-18).  Mientras se juzga que "hasta en Ramá se oyeron las voces, muchos lloros y alaridos", la actual celebración navideña y la Epifanía imponen el olvido.

III.  Epílogo: regresión historiográfica

Las implicaciones de restituir "las señales mnésicas" resultan esenciales para entender la historiografía salvadoreña en su dictado (Dichtung) oficial.  Anhela extirpar "las (diversas) neuronas no programadas", pero "activas de la vida intrauterina", la historia de lo diverso.  De tal manera, la literatura monolingüe (1821-2025) conforma lo vivido que se adapta siempre a la palabra creadora, prerrogativa del castellano.  Si la patria anuncia la inscripción única del idioma nacional, la maternología pre-escribe este monopolio como la "nostalgia por reactualizar un pasado" intrauterino ficticio.

La ausencia de matria(s) crea un "fantasma" de lo "anterior" equivalente a sí mismo.  Mientras la literatura francesa —Victor Hugo, Roger Gilbert-Lecomte, Claude Louis-Combet, etc.— ejemplifica el retorno de la poética hacia la vida intrauterina acuática, aún no se investiga si esta misma temática impera en la literatura salvadoreña.  El desdén por el psicoanálisis evade comentar toda equivalencia entre esa pre-historia y la poética, i. e., el "retorno de Ulises a Ítaca" y la "fundación de Mexico-Tenochtitlan entre las aguas".

Hasta el presente, se juzga que toda búsqueda de la vida intrauterina —el recuerdo de sus rasgos nocionales en el canon literario— califica de "fantasía" y de "esoterismo", carente de un cuerpo biológico vivo.  Menos aún, el postulado psicoanalítico se aplicaría a las múltiples revueltas indígenas de 1833-1932, ya que la socio-política y la economía suelen ocultar la voz del vencido.  Desde la Cueva de Tacuazín (1833) —pasando por la Barranca del Tzitzimite— hasta llegar el Volcán de Izalco (1932), la convención historiográfica presupone que los idiomas maternos no inscriben (graphos) la tierra (geo) en su conocimiento ancestral del eco-sistema vivido: de la geología y vulcanología hacia la etno-botánica, etno-zoología, etc.[12]

En cambio, la historiografía ofrece una "transmutación mitológica" de los hechos pretéritos, al adaptar "lo que fue al deber ser" de la actualidad.  Al aspirar por lo homogéneo, la nación "encarna la supervivencia" imaginaria del pasado difunto, su deseo de "repetición", mientras revive lo "fósil" inventado.  Si esta regresión llamada democracia repite el retorno nostálgico hacia los comienzos, se trata de un problema a debatir.  Reformula una concepción totalitaria de los ritmos vocales que mantienen toda diferencia en el silencio oscuro.  Pero una posible apertura no sucederá hasta el momento en que nazca la voz del Otro, quien aún subsiste en los mares ignotos del abandono sísmico, subterráneo.[13]

Tal cual lo testimonia el epígrafe inicial, la nacionalidad salvadoreña nace (1821) y se perpetúa (2025) en el susto —"nemauhtilli"; "mutia/i:x-mu:tia, espantar" en náhuat— por resguardar los archivos de los idiomas maternos.  Sólo las figuras cumbre merecen el derecho a la palabra y a conservar su legado documental.  Por ello, mientras la historiografía no "sane y purifique" su filiación (philos) con el saber (sophos) ancestral, el Espanto (Sisimit, Kujkul) que ocasiona la "pérdida del alma" humedecerá la tinta de toda escritura.  En términos de la medicina popular, "la caída de la mollera" espiritual afecta al cuerpo de la identidad nacional.[14]  Parece que nacimos con una afección anímica inimaginable.  Sin calificarla de "aborto", este "sismo corporal" pre-natal causa un estupor tan profundo, cuyo silencio semeja un "parto fallido" de lo que somos.

[1].  Édition Jérôme Millon, 2025, "Présentation" de Sophie de Mijolla-Mellor.

[2]. Metzxictli

[3]México.

[4]. Metzxictli

[5]Las connotaciones del primer término remiten a "tlah-yêlli, tlahîlli...lo que es repugnante, suciedad, inapropiado, excremento, flujo de sangre diarrea mezclada de sangre".

[6].  Se cita "La Sagrada Biblia.  Traducida de la Vulgata Latina en Español" por Félix Torres Amat.  Buenos Aires: Editorial Sopena Argentina, 1950.  Génesis, I: 1-2: tierra...informe y vacía...tinieblas...las aguas".  "Holy Bible.  Authorised King James Version".  New York: Oxford U. P.  "The Earth was without form, and void; and darkness...the waters".

[7].  José A. Álvarez Gómez, Jorge Alonso Henar y José J. Martínez Díaz, "Evolución Tectónica de Centroamérica", La Geología es noticia,  Los autores datan la formación del "Bloque de Chortis" que abarca la "cuenca sedimentaria...definitiva...hacia el fin del Cretácico (hace – 70 MA), esto es, el triángulo norte de Centroamérica.  Sin entender "la actividad sísmica y el vulcanismo activo, se ignora la "evolución tectónica" del istmo.

[8].  Para el vínculo de la geología con el cuerpo humano y la identidad, véanse el octavo concepto "concepción" (8, más abajo) y el epílogo.

[9].  Lyle Campbell, "El náhuat de El Salvador" (1985), edición castellana inédita por la falta de diálogo de los estudios culturales con los idiomas maternos, y Werner Hernández González, "Nawat Mujmusta", San Salvador: Tzunhejekat, 2016.  Se anota que el náhuat salvadoreño es quizás la única habla local que recientemente reduce las ocho vocales —cortas y largas— a la mitad.

[10].  Véase el enlace etimológico, aún más complejo: "tlaolin, terremoto"; "tlaoliani, meneador"; "tlaolinilia, nino, mover la criatura, por algún desastre"; "oininotlaolinili, abortar por algún desastre y su=in voluntad", esto es "parto fallido"; tlaonilia, nite, hacer mover la criatura que está preñada".  "Olinía, mover(se)"; "olinyotl, emoción, sentimiento, movimiento cordial" .  Faltaría enumerar la fauna y la flora.

[11].  El impacto social de la vida intrauterina y del parto lo calca la entronización de la autoridad máxima mexica, tlahtoani.  Ambos "rituales" prosiguen el mismo transcurso: del encierro natal y real, el baño ritual, la desnudez y revestimiento, las insignias militares, hasta culminar con el designio guerrero tal cual lo prescribe el entierro del condón umbilical en una región enemiga.  Así como la "muerte del soberano" calca la entrada del "astro al inframundo", el inicio de su mandato semeja la "aparición del sol".

[12].  En general, "las cavernas se asocian" tanto con "el descenso al inframundo" como a la salida natal del "vientre" materno.  Además de "la sexualidad", remiten "al jaguar (te-kwa-ni, comedor de gente)" y a "los Tlaloques, divinidades de la lluvia", quizás los Tepehuas entre los náhuat.

[13].  Los términos que Hernández (2016) refiere para el "aborto" en náhuat remiten al descalabro de la identidad nacional: "pil-shini/wetzi, "niño-caer-fruta"; "tzikwini-kisa, saltar-salir"; "tajkali, botar, derribar".  A la "salida" fundacional de los idiomas maternos, el siglo XX agrega la diáspora cuya migración representa el mejor producto, gracias al envío de divisas ("Remesas superan a exportaciones",  La episteme náhuat recomienda asociar la "salida" del feto con la migración y el derribo ecológico con la quiebra de la identidad nacional.  El monopolio del vocabulario institucional castellano no autoriza percibir el mundo desde esa perspectiva diversa.

[14].  Para la correlación alma-cuerpo —tonalli/tunal-mollera—, véanse: Bernard Ortiz de Montellano, "Caída de la Mollera",  Etnohistory, Duke U. P., Vol. 34. No. 4, Autumn 1987: 381-399, y Nohely Mejía Ramírez, "Arbovirosis au Salvador dans la population d'origine Nahua",  Thèse de Doctorat, Université de la Sorbonne Nouvelle Paris III , 2024.

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