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La mujer ideal del Bukelismo


Tampoco olvidemos que ella misma no alcanzó la nota mínima para cursar un postgrado en México. Y que el presidente que la nombró fue incapaz de completar el primer año de la universidad. La ironía es brutal.
Publicado en septiembre 10, 2025
Defensora de derechos humanos.

La educación está bajo amenaza. Y no es casual que suceda justo ahora: Bukele nombró a una mujer militar como nueva ministra de Educación.

Aunque ya hemos tenido ministras mujeres, lo nuevo no es el género, sino el uniforme. En la documentación oficial es presentada como Capitana y después como Doctora. El simbolismo de una mujer joven, militar y médica reconfigura los imaginarios: no viene de la docencia ni de la academia, si no de la disciplina castrense y el prestigio médico, dos campos históricamente masculinizados.

Karla Trigueros, además, ganó visibilidad en la pandemia, lo que la convirtió en figura de confianza ciudadana. Hoy es referente de orden, civismo e imagen personal. Niñas, niños y jóvenes la rodean para fotografiarse con ella, como si fuera una celebridad, mientras visita escuelas vestida con su traje verde-olivo; el Gobierno construyendo capital político a partir de una figura femenina militarizada: cercana, disciplinada y popular.

Aunque algunos militares de baja o en situación de retiro ocuparon cargos públicos en los gobiernos posteriores a los Acuerdos de Paz, en los últimos cien años no se había visto, en este país, a un militar al frente de un ministerio tan estratégico como el de Educación. Su irrupción introduce una militarización del espacio escolar que puede afectar la autonomía pedagógica, la creatividad y la formación crítica de los estudiantes, además de reforzar jerarquías rígidas y disciplinarias.

Un aspecto clave es cómo esta militarización impacta la socialización de género y ciudadanía. Para ser reconocida en un espacio históricamente masculinizado, una mujer debe adoptar disciplina, rigor y autoridad asociadas al poder masculino, pero al mismo tiempo se espera que conserve rasgos tradicionalmente femeninos, como cercanía, cuidado y suavidad. Su visibilidad refuerza así la idea de que la autoridad femenina solo es legítima si logra equilibrar ambos extremos, normalizando estereotipos sobre lo que significa ser mujer en el poder y moldeando modelos de liderazgo desde la infancia.

La narrativa oficial, además, la presenta como modelo de obediencia y sacrificio, valores asociados a la feminidad tradicional, ahora legitimados desde lo militar. La combinación de rostro femenino y uniforme militar suaviza la percepción del control, convirtiendo el género en maquillaje de políticas autoritarias.

También llama la atención que, siendo doctora y referente en salud durante la pandemia, su nombramiento no ocurrió en los ministerios de Salud o Seguridad, las áreas en las que su perfil técnico y militar tendría sentido. Su llegada a Educación parece que responde más a una estrategia política que a su experiencia profesional: el ministerio es un espacio clave para formar valores, disciplina y obediencia desde edades tempranas, y la combinación de militar + mujer + médica hace que esta militarización sea más aceptable socialmente. En otras palabras, el cargo tiene un valor simbólico y de control social más que técnico.

En 2021, Trigueros dijo: «No existe carrera de hombres. Nosotras las mujeres nos podemos desempeñar en todos los ámbitos de la sociedad. Si les gusta una profesión y les dicen que no ha habido una mujer haciéndolo, tomen el reto. Sean las primeras en romper esa brecha». El mensaje parecía abrir caminos, pero la pregunta es inevitable: ¿basta con ser mujer para cuestionar un sistema, incluso cuando se representa a una institución históricamente autoritaria como las Fuerzas Armadas? De poco sirve que una ministra sea mujer si lo que reproduce es el miedo.

Tampoco olvidemos que ella misma no alcanzó la nota mínima de ocho para cursar un postgrado en México. Y que el presidente que la nombró fue incapaz de completar el primer año de la universidad. La ironía es brutal: quienes no alcanzaron la nota ahora amenazan con castigar a los estudiantes que tampoco lo logren.

Ser mujer no es suficiente. ¿De qué sirve su nombramiento si las escuelas empiezan a parecer cuarteles? El uniforme no se vuelve menos autoritario por tener una cara amable. La militarización de la educación bajo el rostro femenino no es un avance para las mujeres, sino un retroceso para la democracia y para la educación crítica.

One comment on “La mujer ideal del Bukelismo”

  1. Totalmente acordé, la instrumentalización de las mujeres como estrategia política para consolidar un régimen dictatorial, está siendo clave en este gobierno actual. Excelente nota

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