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Un análisis sobre la cultura del Diablo


En el ámbito social, el demonio representa el flagelo del atenimiento y el machismo que, al practicarse, también producen dolor.
Publicado en septiembre 3, 2025

I. El diablo

Para el doctor Humberto Velázquez, en su obra La cultura del Diablo (2013), la figura del demonio es un imaginario religioso que se utiliza para causar temor y manipulación en la frágil conciencia de un pueblo que busca a toda costa transcender, buscando la promesa de eternidad y descanso. Es por medio del demonio y todo lo que representa que causa dolor, castigo y justicia.

«Esta contradicción irracional, entre lo que se dice y lo que se hace, que satura la riqueza y la miseria de lo cotidiano, toma caracteres diabólicos cuando es llevada al extremo. Tal es lo que ocurre con un par de patrones culturales del salvadoreño, el atenimiento y el machismo (…) El diablo forma parte de los terrores con que la religión cristiana maneja a las personas, lo que le ha valido el título de terrorista, aunque no es la única (…) Sin embargo, no es por esto que me parece que la cultura salvadoreña está regida por el Diablo. Cuando menos no solo por eso, sino también por los antedichos y el sufrimiento innecesario que generan (p.19)».

En el ámbito social, el demonio representa el flagelo del atenimiento y el machismo que, al practicarse, también producen dolor. Al recibir los resultados directos de ellos, como el castigo para quien los practica y los que lo rodean, así como también la justicia, pues enseñan que todo lo que sucede es causa innegable de una acción. La constante contradicción entre lo que se dice y se hace crea una doble moral que bien puede decirse tiene el mismo efecto devastador que el demonio causa en el ámbito puramente religioso.

Los patrones culturales en la sociedad, según el doctor Velásquez: «desempeñan una importante función en la vida diaria. Le indican al individuo como ajustar su comportamiento en cada circunstancia y le permiten comprender a la cultura de otros. La vida se torna incierta cuando no sabemos que esperar de los demás o lo que ellos podrían esperar de nosotros. Las normas sociales que integran el patrón, resultan importantes porque el hecho de que todos los observen, hace posible pronosticar numerosos aspectos de la vida. Aunque por regla general la gente no sabe porque se comporta como lo hace y lo único que puede decir es que siempre ha sido así (p.24)».

Para el autor, los patrones culturales confieren cierto grado de homogeneidad social, siempre existe la conciencia de la diversidad social, así como también las marcadas diferencias entre clases y distintas formas de pensar. Sin embargo, y pese a todo ello, los patrones culturales serán la columna vertebral sobre la cual se erigen todas las características propias de una sociedad.

Los patrones culturales imprimen el elemento cohesivo entre los diferentes sectores y ámbitos sociales, haciendo posible para las Ciencias Sociales el estudio y las aproximaciones que se necesitan para una comprensión de los fenómenos sociales. A las vez, los patrones culturales le sirven a la población para formar tomar identidad y singularidad, sin las cuales será imposible sentar las bases para un verdadero desarrollo.

Según el doctor Velásquez, el salvadoreño es atenido:

«El atenido no es, como dice el diccionario, quien mantiene, guarda u observa alguna cosa, ni quien se ajusta o sujeta en sus acciones a alguna cosa; sino quien confía fatalistamente en el acontecer de las cosas. Desde este punto de vida, el salvadoreño es un hombre es (atenido). Basta de examinar los acontecimientos cotidianos para caer en la cuenta de que una de sus principales características es la de perder el tiempo, gastarlo inútilmente, tomar decisiones a distiempo, inoportunas, intempestivas y anacrónicas: Casi siempre lo sorprende lo súbito lo inesperado, lo fortuito; suele vivir improvisadamente confiado en el porvenir (p.33)».

El autor fue un cientista de las Ciencias Humanas, observó los diferentes patrones culturales que imperan en la sociedad; y es a raíz de esta minuciosa observación que nacen afirmaciones categóricas como la del atenimiento como distintivo cultural. Desde la aproximación a la definición del concepto, y los resultados o estados de la sociedad actual, puede claramente verse como el patrón del atenimiento es una constante en todas las clases sociales que conviven en el país.

El atenimiento pareciera ser un sello indeleble en la cultura y pensamiento del salvadoreño y se evidencia en la clara deficiencia de valores como la puntualidad, la responsabilidad y la disciplina.

«El patrón del atenimiento se origina en la percepción del tiempo. Este, en cuanto a medida del movimiento, es una dimensión objetiva de la realidad, pero su percepción está condicionada culturalmente. Cada cultura lo percibe a su manera y así lo enseña a los miembros del grupo (p.34)».

Es decir, el tiempo como se percibe es uno de los eslabones de la cadena de los patrones culturales; por lo cual, al hablar de percepción del tiempo cada cultura ha de implantar en sus miembros una ola de patrones ya conocidos en su mayoría, pero que como el ser humano evolucionan y se adecuan a los diferentes escenarios con los cuales la sociedad impregna a quienes la conforman.

II. El machismo

En cuanto al machismo, el doctor Velásquez señala que el término «denota una relación zoológica entre personas. Acuñado por los antropólogos mexicanos, refleja el comportamiento social no entre hombre y mujer, sino entre macho y hembra. En la actualidad se utiliza para caracterizar el estilo de vida fundado en el predominio abusivo del hombre sobre la mujer. Se identifica como patrón propio de las sociedades latinoamericanas por las formas discriminatorias, repulsivas y hasta degradantes de sus manifestaciones; pero es posible rastrearlo igualmente entre otras sociedades (p.50)».

El autor reconoce al machismo como un estilo de vida que se basa en las formas discriminatorias y que minimizan el potencial de la mujer degradándola al nivel de hembra y no viéndola como un ser pensante capaz de transformar el entorno en el cual vive.

En conclusión, el atenimiento es uno de los mas grandes rasgos culturales de los salvadoreños; se puede evidenciar con el pobre manejo del tiempo en las diferentes situaciones que se presentan en la vida diaria, tal pareciera que los relojes marcan las horas de forma diferente en el país que en resto del mundo.

Desde el descomunal tráfico por las mañanas, el transporte público saturado, puestos de comida ambulantes que prometen un manjar para el que apurado no logró hacer un desayuno saludable; por los bajos salarios y la canasta básica que no es acorde a su capacidad económica; la niñez que corre de la mano de sus padres hacia la escuela aun sin su trabajo; estudiantes que sin duda no realizaron sus tareas o presentarán una creativa razón para la ausencia de este actor de la sociedad.

Se podrían citar más ejemplos en los que este patrón cultural está presente; sin embargo, y de manera lamentable, lejos de sentirse incómodo o inconforme con los resultados de este patrón, el salvadoreño parece haberlo interiorizado al punto de hacerlo parte indeleble de su «carta de presentación» ante el mundo y lo toma más como un atributo que como un defecto.

En cuanto al machismo, solo basta ver la cantidad de feminicidios que asaltan los periódicos para saber que es un mal galopante, creado y justificado en el seno familiar; herencia de generaciones anteriores que se manifiesta desde el hogar, como se percibe a la mujer como la que debe quedarse en casa y no goza de las mismas oportunidades que el hombre aún; y cuando hay importantes avances en cuanto a tecnología, los espacios que se crean para la mujer son limitados.

En esta «cultura de Diablo», donde reina la doble moral, se necesita un pensamiento crítico, capaz de desafiar los paradigmas implantados en la sociedad en forma de patrones y formar una cultura heterodoxa al común denominador.

Referencias:

Velásquez, H. (2013). La Cultura del Diablo. Editorial Arcoiris.

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