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Una iniciación auto-testimonial de Roque Dalton


Dalton y su madre deben buscar un hotel apropiado y cena, acaso la vista fija en «las mulatas guapas» del camino atestigüe su despertar sexual.  Además, por error entran en «Happyland», un «cabaret» que les exhibe un espectáculo de «streap-tease», pese a sus convicciones católicas profundas.
Publicado en julio 15, 2024
Professor Emeritus. New Mexico Tech rafael.laramartinez@nmt.edu Desde Comala siempre…

La breve anécdota «Al Rededor del Mundo (Relatos.  Inédito para «Gallo Gris»)» (abril de 1959: 14-16) por Roque Dalton ofrece un buen ejemplo de su iniciación poética.  Rara vez citada —menos aún analizada— el relato auto-biográfico ilustra el despegue juvenil del escritor.  Describe su viaje de El Salvador a Panamá, acompañado de su madre; luego continúa solo a las capitales de Chile, Argentina y Uruguay.  La fecha de salida es «Marzo de 1953» y la última referencia data de «Octubre de 1953» en Buenos Aires.

La primera sorpresa transcribe el desfase temporal entre la experiencia y la palabra pública, de 1953 a 1959, seis años.  Como la historiografía salvadoreña se niega a recopilar los archivos originales, resulta imposible revelar la fecha original del escrito.  Mientras tanto, la lección auto-testimonial enseña que el pasado vivido sólo pervive en el presente de la escritura.  La recolección tardía de los hechos personales posterga su existencia en la lectura por venir.

El vuelo sobre las tierras centroamericanas le descubre el paisaje que amalgama la naturaleza tropical con la política.  Honduras reverdece en su flora, mientras Nicaragua asusta por lo «somociano» y Costa Rica despliega «el oasis».  A su llegada a Panamá, le interesa «comprar ropa americana» para distinguirse en «Sur América».  El aeropuerto le obstaculiza la entrada, primero por llevar un «paste» —trastorno cultural— y, en seguida, por su despiste de «bajado» al no encontrar el certificado de vacuna.

Foto Roque Dalton. Archivo Dalton

Su madre y él deben buscar un hotel apropiado y cena,  acaso la vista fija en «las mulatas guapas» del camino atestigüe su despertar sexual.  Además, por error entran en «Happyland», un «cabaret» que les exhibe un espectáculo de «streap-tease», pese a sus convicciones católicas profundas.  La comunión semanal aún palpita en su pecho.  Ahí escribe sus primeros poemas.  El verso transcrito en el relato refiere la disparidad étnico-racial y de género.  «Los tres marinos rubios que han violado a la mulata (prostituta)».  Pero el joven Dalton se interesa más en «comprar ropa norteamericana...para asombrar a las chicas chilenas» que en asuntos políticos secundarios.  Por esa moda, debe pagar «exceso de equipaje».  Afortunadamente, una pareja de «misioneros protestantes» le «ofrece un préstamo» para resolver su problema financiero.  Se trata de «buenas gentes que necesita el mundo actual», para la nueva evangelización de América Latina.   Posteriormente, sorprendido anuncia su «muerte cruelísima, a manos de los indios aucas» según la revista «Life» (se ignora si habla del «asesinato de cinco misioneros» el 8 de enero de 1956 entre los huaorani ecuatorianos o «uaca, salvaje», término quechua despectivo.  Este hecho certificaría la diferencia entre la fecha en el relato (1953-1956) y la fecha pública del relato (1959).

Sin precisar el mes, asiste a una conferencia del pintor mexicano Diego Rivera (1886-1957) sobre «la raza blanca».  Obviamente, ante un público numeroso, critica el «imperialismo...de EE. UU.…origen de todos los males» e inventa la presencia original de «dos razas...negras, negras», cuya «degeneración» engendra «la raza blanca».  Al extenderse «la época Glacial» hacia «el ecuador», nace la «raza aria».  Sin asombro, la crítica anti-racista mantiene el concepto más superficial de «raza» por el simple color —¿se clasifican las frutas por su matiz?— sin referencia al ADN y otros rasgos más complejos.

Buenos Aires le dicta una lección de ciencias políticas.  Ese «mes de Octubre de 1953» observa  la «Lealtad a Perón», aunque él no desea «saber ni jota de política».  Sólo le interesan «la comida», «el tango», «el fútbol» y «andar...con dólares en el bolsillo».  Sin embargo, la manifestación lo «arrastra» a escuchar al presidente argentino y al «General Anastasio Somoza».  Luego viaja en «hidroavión» a Montevideo.  Durante el trayecto «su compañero de asiento» que «el pueblo unido, jamás vencido» lo engendra «el control» y «los sindicatos verticales» en su jerarquía administrativa.  Siempre se discutirá cuál rango superior posee el único derecho de hablar por el pueblo.

Sin más discusión, Montevideo le impresiona por su carácter singular, opuesto a Buenos Aires,  Pese a presenciar un pleito en «el puerto», «un sargento» lo apoya para refugiarlo en un «hotel».  En las antípodas de Buenos Aires, Montevideo lo hospeda en el reposo y en la tranquilidad ante el bullicio.  En definitiva, esta breve anécdota ofrece un testimonio de la iniciación poética de Roque Dalton.  Aclara un compromiso primordial con la escritura.  La lectura juzgará si sus creencias a comunión semanal y los gustos juveniles persisten al moldear su carácter adulto, o bien se disipan en la nube del olvido.  El pasado no esparce una sola gota de rocío hacia la flor del compromiso.  Por mi parte, sin potestad legal, lo ignoro.  Pero, sospecho que «comunión/comulgar» y «comunismo» se «comunican» en rizomas «comunes», pese a la diversidad migrante de su ramaje.

P.D.: no se transcribe el relato, ya que la censura del legado nacional rige la historiografía salvadoreña. De lo contrario sería accesible como lo es el de Julio Cortázar (1914-1984), Gabriel García Márquez (1917-2014), etc. «Big Brother is watching me...».

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