Desde Comala Siempre...
Por mi parte, me complace que la academia hegemónica me censure, ya que gracias al rechazo racional cimienta aún más su poderío político en el imperio. Según la estricta exigencia del salarruerismo, sólo de la mentira y de la falsedad —despedazada y enterrada/sembrada (tuka) viva— brota la verdad legítima.